Anotaciones para mujeres que se complacen a sí mismas con Tania y Triumph

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Ha sido un año movido para los temas de la feminidad. Ser mujer en este tiempo implica también reinventar lo que es femenino. Como lo entendemos, expresamos y vivimos. Y este año nos ha mostrado también que los ideales masculinos son inseparables del tema.

Ser mujer en esta época significa poder darle voz a cosas que antes no eran reconocidas. Crear nuevos moldes mixtos de comportamiento. Buscar existencias motivadas por un sentido de autenticidad, algo que permite ese terreno maravilloso que es la libertad.

Significa, por ejemplo, desafiar el lente dual con el que quisieron definirnos. Significa crear idiomas donde se vale la armoniosa contrariedad. Recordar eso para sentir la contentura y gratitud de una mujer que como individuo puede crearse a sí, dueña de su propia vida.

 

 

 

De esta época para lo femenino, una idea que me ronda de manera constante: el mundo ha sido contado, explicado, categorizado, representado y narrado, de múltiples formas, por una percepción y mirada masculina que ha sido dominante.
Pero estos tiempos que corren, que revelan esos cambios que han venido con las liberaciones femeninas, estos momentos llenos de voces que osan nombrar lo que había sido sombra callada; estos momentos donde se entiende que las nuevas formas de feminidad implican imaginar y crear lo varonil de maneras refrescantes.

Estos tiempos, sí falaces, sí con muchos progresos faltantes, sí con muchos caminos apenas iniciados – también es el gran tiempo donde la perspectiva femenina comienza a tomar fuerza, de formas que permiten generarle esa validez durante tanto tiempo obnubilada.

Y también, capítulos donde llenar el vacío que aún nos abarca: de explicar a los hombres cómo es esa forma femenina de habitar el mundo y representarlo.

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