Mujeres

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No siempre es fácil quererse o valorarse, mujeres.

Muchas tambaleamos en el proceso de crearnos como mujeres de este tiempo.

Sin darnos cuenta, desde pequeñas nos enfrentamos a ideales imposibles de obtener. Esos ideales entran en nuestro subconsciente y palpitan en el fondo de nuestro mundo interno incluso en la adultez. La Barbie clásica nos promete un cuerpo extraordinario. La idea de que una mujer puede ser madre en estado virginal nos lleva a una contradicción constante e inconsciente desde pequeñas.
Vamos aprendiendo, sin darnos cuenta también, que tal vez no somos suficientes. He escrito en estos días que hay mucho en ser hombre y ser mujer que es aprendido también.

Nos enseñan a que la máxima promesa es que un hombre nos elija. Nos enseñan a que debemos “ganarnos” el amor y el deseo como un premio. (Y sepan que a los hombres también se les enseña a ser de cierta manera desde pequeños, formas que refuerzan estereotipos limitantes para el mundo que hoy nos rodea). Si lo piensan, desde pequeñas nos enseñan sin querer que ser asertiva no es algo femenino. Que es mejor ser dócil para ser una “buena mujer”. Sin querer, vamos aprendiendo a dudar de nosotras mismas. De compararnos entre nosotras. De vernos como competencia y no como inspiración.

Breve reflexión de un amplio tema. Pero la idea central: nos enseñan desde tempranito a no querernos.

El mayor logro de una mujer de esta época no es casarse, ni vestirse bien, ni hacer dinero, ni ser gigante en su oficio, ni alcanzar la maternidad o todos esos “deber hacer” que fueron goteándose en nuestro inconsciente.

El mayor logro está en el valor que sentimos tenemos. Todo lo demás nace como cascada de ser imperfecta, pero de valorarse y quererse.

Nada de afuera nos da ese valor. Viene, se crea de adentro.

Foto @jcdavilab

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