Expoartesano: los estilos de una temporalidad distinta

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Vanessa Rosales

Fotos: Santiago Marzola

 

 

Los estilos están poderosamente conectados con el tiempo. No sólo porque cada momento en el tiempo – envuelto en sus circunstancias, cargado de ánimos y movido por vicisitudes particulares – suela impulsar ciertos estilos concretos, sino también porque los ritmos de la temporalidad están siempre inscritos en la creación de los estilos más diversos.

 

Los estilos se hacen dentro de un tipo de tiempo.

 

La manera más eficaz de comprender esta idea es a través de la moda rápida. Su fundamento es la velocidad. Se crea en masa y de manera constante. La moda rápida, el fast fashion, contribuyó a que se alteraran los ciclos de la moda tradicional. Mientras que, antes, por ejemplo, una tendencia solía tener un lapso de vida de seis meses, la moda rápida comenzó a quebrantar el tiempo y la forma de experimentar las tendencias. Por un lado, comenzó a ser posible conseguir simulacros de lo que se veía en las colecciones más importantes .- a precios bajos y de forma mucho más rápida. Vestirse de simulacros y versiones similares a lo que está en los dictámenes de la moda encumbrada es otro fundamento de la moda rápida.

 

El resultado de todo eso fue que el tiempo mismo de la moda comenzó a cambiar.

 

Más atrás, cuando el gran discurso de la moda estaba fundado sobre el oficio de los maestros de la Alta Costura, el tiempo de la moda tenía otra naturaleza. Se hacía a la medida, con base a la exactitud del cuerpo. No se hacía en masa. Y lo que sí se hacía masivamente era para los mortales, desconectados del místico círculo de la moda real. No había tendencias quebrantadas en ciclos semestrales. Los estilos eran más homogéneos – conformaban un gran credo al que las mujeres se adherían con el fervor de la seguidora que obedece los ritmos de un oráculo.

 

La velocidad de nuestra moda actual tiene todo que ver con la manera en que nuestra percepción de las cosas también se ha acelerado. Desde los ochenta en adelante, hemos acortado la forma cómo vivimos el tiempo y el espacio. Podemos ver lo que sucede en otras partes. Podemos acceder a informaciones sin filtro o espera.

 

Toda esa aceleración es imposible de entender sin otro gran índice temporal de nuestro actualidad: las tecnologías digitales. De muchas maneras, las redes y la moda rápida son inseparables.

 

La velocidad con la que cambian las imágenes digitales, siempre reemplazándose ante nuestra mirada nerviosa; la presencia que tiene la moda en esas imágenes; las formas cómo se ha alterado cómo vemos, cómo vestimos, cómo compramos – todo nos habla sobre una subjetividad, una experiencia del tiempo y del espacio habituada a la celeridad. La velocidad está inscrita en nuestra experiencia visual y vital.

 

Una de las consecuencias de eso es que las cosas terminen por parecerse demasiado. Una de las contradicciones de lo digital consiste en que, al estar tantas personas sintonizadas con las mismas referencias visuales y al tener acceso a las mismas tiendas, las identidades comienzan a diluirse, perdiendo singularidad, haciéndose más uniformes y tal vez un poco más planas. La sincronía con las mismas imágenes y los mismos estilos ha hecho que gran parte de la globalización sea precisamente la de crear un tanto más de homogeneidad entre las expresiones estilísticas.

 

Lo que se hace en serie y a ritmos tan veloces cae también en esa uniformidad. Y esa es la lógica a la que nuestro tiempo nos ha condicionado, ese es el tipo de estilo que se nos ha hecho habitual.

 

Por eso en Expoartesano hay un relevo de lo que es ya cotidiano para los que viven sumergidos en la moda como materia. La temporalidad de las piezas, estilísticas o decorativas, tiene la impronta de la lentitud y la singularidad.

 

El hacer manual requiere justo eso: tiempo, pausa, proceso. De allí que se encuentren piezas y objetos que se hacen espejo entre sí pero que nunca son idénticas. Son reconocibles dentro de un saber y una estética, pero poseen un atributo esquivo en los tiempos del estilo actual: unicidad.

 

Los tejidos de Guapi, alegremente cromáticos; los abanicos de Sandoná, Nariño; las pinceladas distintivas de las vajillas del Carmen de Viboral; las fibras coloridas que denotan patrones, conocimientos que se materializan en formas repetidas – todas tienen la marca de una temporalidad que se hace en el saber manual, en tiempos distintos, y que provienen además de tiempos distantes.

 

Toda tradición de artesanía contiene ese rasgo del tiempo: se trata de una herencia, de una práctica que viene de antes y que se reinventa en nuevos tiempos y ritmos. Para el seguidor dedicado de la moda, para el observador del estilo, el campo visual en Expoartesano es la inmersión en un terreno donde el estilo tiene el sello, casi extinto, de lo singular, de lo que se hace dentro de un tiempo refrescantemente distinto.

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