Vida Femenina

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El descubrimiento frecuente es que la verdadera constante de la vida es la transformación, el cambio.

En la vida femenina, este principio siempre es acertado. Cambian nuestros cuerpos, nuestros pelos, nuestras historias, nuestros deseos, nuestras fuerzas, nuestros puntos focales. Cambian los muslos, las caderas, las hormonas, el aspecto, los tiempos, las prioridades. ¿Somos esos cambios, humanos,naturales? ¿Somos más que las fluctuaciones de la apariencia?
La consciencia de eso suena evidente, fácil. Y sin embargo, qué difícil es no identificarse con nuestro aspecto de mujer. Tres kilos más o menos, diez kilos menos o más; pelo más corto, más largo, piel más maciza, más flácida. Ahora, que nos rodean mujeres jóvenes cuya mayor identidad parece estar fijada en las ropas de tendencia, los lugares que sus vidas familiares les permiten costear, la noción constante de que esa “perfección” va con el novio o esposo que promueven dentro de esa misma posición lustrosa y editada para los ojos digitales; ahora que la apariencia parece ser uno de los temas más importantes, cómo no sentir esa dificultad de trazar la línea lúcida entre cómo nos vemos y quién somos. ¿se puede trazar en la fantasmagoría digital? ¿Quiénes son nuestros ejemplos como mujeres? ¿A quiénes miramos? ¿Sabemos que la moda está de moda hace años y que hay más, que existe el talento? Cambiar de ropa y viajar fabulosamente, posar para marcas y verse siempre contenta, ¿eso es talento? ¿A quiénes estamos mirando, mujeres?
La afirmación de Evan Rachel Wood sobre los vestidos anoche; el discurso de Meryl Streep; la presencia de mujeres como Michelle Obama – y también la red infinita, inacabable, de blogueras e “influenciadoras”. “Ser linda” como máximo ideal.
A quiénes estamos admirando, quiénes nos ayudan a mirar esos balances entre los cambios, la vida, el ser, la imagen.

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