by
A muchas nos enseñaron que el amor es posesión, dominación. Las formas del amor van ligadas a otras ideas que en nuestro subconsciente son fuertes y que guían lo masculino y lo femenino. (Los hombres miran, nosotras nos dejamos ver por ellos; los hombres desean, escogen; nosotras somos el objeto escogido). Nos aleccionaron que debíamos añorar ser objeto agradable para la mirada masculina. Que afuera de nosotras está la promesa del amor. Nos enseñaron que el amor femenino es sacrificio, entrega, la pérdida del yo. Nos enseñaron a que la aprobación del otro era la forma de sentirnos asertivas, de tener certeza en nuestro ser femenino. 

Nos enseñaron, sin darnos cuenta, ideas sobre el amor que conectan con otros comportamientos comunes y del día a día – cómo nos vemos a nosotras mismas, cómo nos vemos ante los hombres, cómo nos vemos ante el mundo externo.
Y seguimos comprobando que el gran poder femenino está en sentir hacia nosotras amor.
Ese es, tal vez, el más grande poder femenino. Y no, no sentirnos absolutamente divinas siempre, ni ser perfectas, ni sentirnos sensacional todos los días. Es saber que, hagamos lo que hagamos, quiera quien nos quiera o no, seamos o no deseables según exigencias sociales y estereotipos, lo que más nos dará fuerza es ver nuestro valor.
Que el amor no sea, mujeres, una forma de encontrar aprobación en otro; que el amor no sea un escapismo para llenar estereotipos; que sea una forma de afirmar nuestro valor. “Acompáñame a estar solo”, es mi definición favorita de amor.
 
No tags 0
1 Response

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *