Su Majestad El Bikini

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V.Rosales

¿Por qué amamos el bikini? ¿Por qué desde hace más de cincuenta años parece ser la silueta que domina el vestir playero, resort y tropicalista? ¿En qué consiste su encanto y hechizo?

Tal vez la respuesta sea que el bikini puede ser visto como un símbolo de libertad. Durante siglos, las mujeres debieron ceñirse a estrictas reglamentaciones de vestir. No estaba en su potestad siquiera decidir cómo y para qué eran sus cuerpos.

Las libertades individuales son tan naturales hoy que estas limitaciones, distantes y distintas, se nos antojan muy difíciles de imaginar. Chocan con nuestras actuales vidas femeninas. Pero, tal y como revive nuestra pequeña historia aquí, en una época y para nadar o estar en el mar, las mujeres tenían que ponerse un complejo look con medias de lana incluidas. Así, una actividad como la natación les estaba vedada. Mostrar el cuerpo era prohibido.

Si la ropa es reflejo de lo que el cuerpo puede hacer, el bikini es la demostración de que, en los 60, cuando se hizo aceptable y popular, las mujeres llegaron a un estado donde podían mostrar el cuerpo a su antojo, podían ser activas en muchos campos y podían nadar por ocio o por atletismo.

No es casualidad que su popularidad coincida precisamente con un momento revolucionario, marcado justamente por la libertad y la individualidad.

Pero el bikini cobró vida casi veinte años antes de eso, en 1946, en la Riviera Francesa, cuando el ingeniero automovilístico y diseñador Louis Renard lo lanzó en el cuerpo de la bailarina nudista Micheline Bernandini. Curiosamente, el nombre del bikini fue tomado de Bikini Atoll, un campamento donde se hacían pruebas de bombas nucleares. Su nombre, entonces, insinuaba que se trataba de una “bomba” cultural.

Pero a pesar de que apareció increíblemente temprano, el bikini tardó bastante en asentarse como algo aceptado. Brigitte Bardot, con toda su estampa francesa, se anticipó, mostrándose con él en Cannes a comienzos de los años 50. El puritanismo norteamericano permitió semejante osadía muchos años después, cuando actrices – o “bombas” de la belleza – como Raquel Welch y Annette Funicello comenzaron a popularizarlo. En la privacidad de casas con piscinas y porque una piel bronceada era – gracias a Chanel – un ideal de belleza también, el bikini fue ganando fuerza en el espacio íntimo.

Es a partir de los 70 cuando se convierte en la pieza más común en el mundo de los vestidos de baño. Tampoco por casualidad. El feminismo, el fitness, la liberación femenina, y el hecho de que la moda, como regla y autoridad se desintegraran, contribuyeron a que el vestido de baño encontrara un punto sin retorno. Desde entonces, es el rey y en sus modificaciones siempre está implícito algo inevitable: es una forma de vestirse estando desvestida. Cheryl Tiegs, (búsquenla y verán lo actual que se mantiene tu prototipo físico) encarnó el tipo de mujer atlética, mac

Por eso, el bikini triunfa también en una era donde las tecnologías digitales han hecho del fitness un fervor sin igual. ¿Por qué? Porque hoy, más que nunca, los cuerpos de las mujeres son fotografiables. Es decir, las cámaras digitales y los teléfonos móviles permiten que las mujeres lleven registros más frecuentes y detallados de su cuerpo. Por eso, el ideal de belleza, que durante los 90, por ejemplo fue la delgadez extraordinaria, hoy se inclina más por la fuerza y lo fit.

Los bikinis fueron formas de afirmar libertad femenina. De decir: este es mi cuerpo, lo muestro, lo bronceo, lo moldeo, nado con él, lo mantengo activo. Pero también es cierto que el bikini es tema espinoso en asuntos de belleza; hace que, por ejemplo, muchas mujeres cuestionen su propia belleza al no tener cuerpos tan firmes o cultivados como otras mujeres o extraordinarias modelos. Así que, como muchas cosas en lo femenino, es ambiguo. Por un lado, símbolo de libertad; por el otro, condiciona la belleza. Y es siempre un indicador de lo que un momento celebra como bello.

En el corazón de todo sigue estando el bikini, reinventado de formas fabulosas y como un espejo de una era donde manda la mezcla, la posibilidad y el eclecticismo.

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