Vogue París: Icono Francés

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Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

La moda está llena de mitos y muchos de ellos son la mezcla perfecta entre realidad y fantasía. Cuando alguien se sumerge al universo de la moda, pronto aprende que París significa algo fuerte y particular en ese reino. Fue ella, durante un tiempo, el único lugar donde existía la moda que se consideraba verdadera. Es el corazón del haute couture, de la Alta Costura, el primer lugar donde alguien como Charles Worth instaló su visión; el sitio que Hitler intentó remover como foco de ese arte manual que crea vestidos de ensueño; el espacio que Richard Avedon decidió usar de fondo para sus fotografías revolucionarias después de la Segunda Guerra. Es el lugar de origen de todo un concepto atemporal de vestir, el parisian chic; es el paisaje que usaron los Impresionistas en el siglo diecinueve para retratar mujeres fabulosamente vestidas y es el lugar donde, por supuesto, existen las parisinas, esas mujeres que son conocidas por su habilidad para vestirse bien, que se instalan en cafetines de esquina con su simplicidad magistral, sus gabardinas kaki, sus chaquetas de cuero, sus blazers sedosos, sus jeans, su labial rojo y sus rayas marineras.

Y París siempre ha tenido también, dentro de su mito, su propia versión de Vogue, otro gran mito dentro de la moda y su universo. La versión francesa llegó en 1920, y pasó, en 1954 por la capitanía de otro mito: Edmond Charles Roux, uno de los grandes promotores del New Look de Dior, uno de los biógrafos más reconocidos de Coco Chanel. En el agitado 68, Francine Crescent comandó la visión, usando los lentes de los audaces Guy Bourdin y Helmut Newton como intérpretes visuales.

Pero la Vogue París que recordamos, la que se volvió icónica y feroz fue la que comandó, desde los ochenta, el icono de la moda francesa, Carine Roitfeld. La editora que impregnó juventud y sexualidad a las páginas, la que se reconoce por sus faldas pitillo, su cigarrillo humeante, sus zapatos de tacón afilado y sus medias veladas. Carine hizo de Vogue París una visión ultra-francesa, sexy, cómica y llena de lujo, de glamour derrochador, de espíritu parisino (un toque de rebeldía, de rock n roll). La revista se volvió famosa por sus audaces juegos con la desnudez.

Hace unos años, sin embargo, la mano derecha de Carine, Emmanuelle Alt, asumió el rol de capitana. Alt, conocida por su look ultra simple, de blazers masculinos y exquisitos, de jeans pitillo y aire rockero tipo Balmain, es un icono en sí mismo de lo parisino chic. Mucho más funcional y sencilla que Carine, sus imágenes – junto a su mano derecha Geraldine Saglio – nos refrescan que las editoras francesas son ellas mismas iconos de la filosofía chic de París: simplicidad, movimiento libre, piezas informales con piezas elegantes, un toque de descuido, pelo al natural, poco maquillaje, la aceptación del cigarrillo, negro y azul náutico, y sobre todo seguridad femenina.

¿Cuéntanos, ¿qué sabes de VOGUE París?

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