¿QUÉ ES FASHION STUDIES?

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Fashion Studies
Por primera vez en la historia, la moda tiene espacio en el mundo académico. Que existan programas como el MA en Fashion Studies, en Parsons, es una de las muestras más contundentes. ¿Cómo es la moda intelectual?

Vanessa Rosales

Nueva York

Durante décadas – siglos, para ser exactos – la moda fue descartada como un tema banal, secundario, frívolo. Un tema “irracional”, reflejo de los caprichos, inagotables y emotivos, de la “naturaleza” femenina. En países como Colombia, aún hay que aclarar que la moda no se reduce al segmento de farándula del noticiero del mediodía, donde, todos los días, una serie de señoritas – usualmente ex-reinas y modelos -, divulgan noticias ligeras en faldas cortas y ensambles ceñidos de mucho brillo. En Colombia, el tema goza de un impulso inédito, pero la brecha entre cultura y moda persiste. Estar en la moda y tener inclinaciones intelectuales, se lee, son dos opciones opuestas entre sí.

Para no ir tan lejos, es un desarrollo más bien reciente que en países como Estados Unidos la moda sea un tema digno de escrutinio académico. Valerie Steele, la fabulosa neoyorquina que con frecuencia viste de negro, viaja a los desfiles de París, dirige el museo de moda del Fashion Institute of Technology, en la séptima avenida de Manhattan; la que escribe libros de historia del traje para Taschen y que tiene en su colección de ideas ensayos sobre Chanel y libros sobre el corset, batalló, durante años, con los estigmas de que la moda era un tema indigno del pensamiento intelectual. No en vano, en 1997, co-fundó una de las publicaciones académicas de moda más estelares de la disciplina que aún dirige: Fashion Theory.

En el presente, FIT es precisamente una de las academias que permite abordar el tema de la moda desde dos lentes precisos: historia y teoría. También promueve un fuerte énfasis en curaduría – un enfoque especialmente pertinente en un mundo que se ha acostumbrado a ver exhibiciones de moda en museos, espacios tradicionalmente reservados para el arte.

La otra escuela que ofrece una maestría cimentada en un camino similar es Parsons, The New School for Design – donde arribé hace poco más de un año y en donde he canalizado mi energía en largas horas solitarias y silenciosas, rodeada de documentos y libros, en la compañía de conceptos e ideas, sumergida, como la mayoría de los escritores, en una especie de cueva, explorando un terreno donde la moda es la materia prima para pensar y escribir.

El nombre de Parsons circula cercano a un gran mito televisivo: Project Runway, el popular reality que promociona nuevos talentos del diseño de ropa a través de concursos presididos por tres jueces fijos: Michael Kors, Heidi Klum y Nina García. Fashion Studies, sin embargo, es un mundo distinto, donde la palabra fashion puede interceder para ofrecer una apariencia de cotidiano glamour. En los hechos, Fashion Studies es un trayecto de enorme exigencia mental, diseñado para las personas que adoran – o conocen – el (muchas veces) solitario camino del escritor o el intelectual. Un trayecto que, además, permite acercar dos de los predios más difíciles de reconciliar: la teoría y la realidad.

Pero, ¿qué es Fashion Studies? ¿Y para qué sirve? En principio, la existencia del programa es un hecho histórico. Y que la escuela número uno en moda de los Estados Unidos acoja y promueva la idea de estudiar el tema a través de los prismas de la historia, la antropología, los estudios culturales, los estudios de arte y diseño, la museografía y la sociología, significa que, hoy, la moda es un tema lo suficientemente válido para pertenecer a las cumbres del pensamiento intelectual. Algo que sólo es posible gracias al mundo en el que vivimos y a las formas cómo la moda y sus lógicas se han desperdigado en las áreas más diversas de la vida.

Fashion Studies es, en pocas palabras, un programa de posgrado de dos años que se basa en historia y teoría sobre moda. La variedad de temas y lecturas encenderá la dicha de toda criatura que siempre haya tenido un apetito por bucear las profundidades de la moda. Qué es punk mod, y cuáles son las evoluciones del concepto de la sub-cultura urbana y juvenil. Qué impacto tuvo el 11 de septiembre en el concepto de moda y consumo en los Estados Unidos. Cuándo nació la figura del diseñador y cómo evolucionó la práctica de los desfiles. Quién fue Paul Poiret y por qué sufría tanto en equiparar su posición de diseñador a la de artista. ¿La moda es arte o mera artimaña comercial? Cómo ha leído la teoría feminista de cine a las estrellas femeninas y los filmes del Hollywood más esplendoroso. Por qué está de moda la memoria y la nostalgia – por qué adoramos los jeans gastados y lo vintage.  De qué formas entra la moda en plumas literarias como las de Virginia Woolfe. Qué tan importante era la moda para los pintores impresionistas en la París del siglo diecinueve. Breves ejemplos que no alcanzan a revelar el extenso abanico de cientos de páginas leídas.

Pero la belleza de estos temas viene siempre en forma de textos académicos, a veces indeciblemente difíciles, cargados de filosofía o con estilos de escritura seca e impenetrable. En otras ocasiones – como en el caso de Elizabeth Wilson, Caroline Evans, Agnès Rocamora y la misma Valerie Steele – pueden ser cuerpos de palabras deliciosamente escritos, evocativos, e incluso rociados con pizcas de poesía. No importa si es lo uno o lo otro, el trabajo siempre implica largas horas silenciosas de lectura, el reto de escribir en inglés, en formato académico y la exigencia de construir ensayos y discusiones macizas, fundadas tanto en creatividad como en rigor teórico.

También implica la extraordinaria experiencia de hacer parte del único momento en la historia que admite que el resbaloso terreno de la estética es algo saturado también de profundidades sobre la condición humana. De cierta manera, el hecho de que la moda pueda explorarse intelectualmente reclama un terreno que, por ser dominantemente femenino, siempre fue descartado como frívolo.

Mis tres escritoras de moda favoritas: Judith Thurman, Kennedy Fraser y Holly Brubach. Las tres fueron críticas de estilo de The New Yorker, y las tres han tenido una enorme influencia en mi trabajo.

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Moda Intelectual

En pocas palabras, también, Fashion Studies es el reflejo de que gracias a la evolución histórica de las últimas décadas, la moda es, al fin, un tema que puede ser asociado al pensamiento y la profundidad.

Que la moda soportara, durante tanto tiempo, connotaciones de banalidad, tiene todo que ver con el hecho de que históricamente siempre ha sido un tema asociado a lo femenino. También es cierto que en los periódicos y las publicaciones importantes – en Europa y Estados Unidos-, la moda era incluida en las secciones de mujeres, hecho que fortaleció la noción de que era algo secundario y frívolo. Por otro lado, el feminismo y la academia en general, vieron siempre en la moda una sospechosa expresión del capitalismo más rancio y una especie de prisión para las mujeres que, con la ropa, estaban encarceladas a buscar única y exclusivamente la aprobación de la “mirada masculina”.

Hay supuestos que interpretamos como normas “naturales”, y que tienen, en realidad, orígenes  precisos que señalan que las ideas más frecuentes de la cultura se han construido históricamente. Hoy, la academia muestra un compendio generoso de temas que exploran la relación entre el vestir y el cuerpo, las múltiples definiciones de moda y discusiones sobre un tema de mi gran, apasionado interés: la relación de la moda con la mujer.

Erase una vez cuando la ropa era la manera de demostrar únicamente la posición social y económica en la sociedad europea. Pensemos en el medievo. Entonces, incluso existían normas que prohibían el uso de ciertas prendas a ciertas castas sociales para mantener la ropa como un privilegio de pocos. El desarrollo mercantil multiplicó telas, materiales, colores. Los cambios en las siluetas se mantuvieron estables durante siglos, pero la diversidad de recursos impulsó el apetito por cambiar los detalles de la superficie con frecuencia. Entonces, nació la moda moderna como la conocemos: un sistema cuya gran lógica es el cambio y la búsqueda voraz por lo novedoso.

Desde el comienzo, esto generó un sentimiento ambivalente. Algunos sociólogos dijeron que la moda es, en esencia, un impulso contradictorio: quienes la siguen añoran diferenciarse, al tiempo que buscan pertenecer a ella. La cercanía de la moda con el cuerpo también aumentó las angustias y sospechas frente al tema. La ropa dejaba ver los impulsos humanos entre exhibicionismo y modestia.

Psicólogos como John Flugel y James Laver afirmaron que, en términos de exhibicionismo, las mujeres eran más propensas al narcisismo y, por ende, a usar la ropa para atraer la atención masculina. En el siglo XVIII, cuando nacía la prensa de moda francesa crecía también el capitalismo como lo conocemos. Los hombres salieron a las oficinas; las mujeres permanecieron en casa. Los hombres comenzaron a identificarse por lo que hacían; las mujeres por su apariencia. Los hombres producían, las mujeres consumían. Y en aquella época, la forma que tenía un hombre de demostrar el dinero que estaba haciendo o que poseía, era justamente a través de la ropa extravagante y opulenta que usaba su mujer o su hija. Y así, nació la idea de que la moda era un tema femenino.

El cuerpo de la mujer se usaba para demostrar la riqueza masculina. Y la quietud del hogar permitía que las mujeres entretuvieran vestidos ornamentales, que se cambiaran con frecuencia para las distintas situaciones del día, que estuvieran sometidas a ropa interior tan embellecedora como limitante como el corset. Las mujeres no trabajaban y salían sólo bajo vigilancia.

De allí que la moda se viera como algo banal, fruto del capricho. La sed por la novedad creó, a su vez, la idea de que la moda era poco confiable, un terreno demasiado superficial, de cambios efímeros. Eso, sumado a la idea patriarcal y moralista de que la mujer es una especie de Eva, la pecadora, una criatura peligrosa, habilidosa en el arte de seducir, y que la ropa y sus derivados son sus armas más poderosas, la moda siguió ganando reputación de tema frívolo.

Entonces, llegaron las feministas como Simone de Beauvoir. Para quienes la moda no era más que una prisión, una jaula limitante que no permitía a la mujer ser más allá de la aprobación de la mirada masculina. Muchas académicas feministas siguieron esa línea y de allí que hoy, a pesar de que debemos inmensos beneficios y libertades al movimiento, pensemos que ser feminista se opone  a ser femenina, a cultivar la belleza o a comulgar con la moda.

Con la llegada del posmodernismo, llegarían escritoras como Elizabeth Wilson, quien se opuso con fervor a la creencia de que una mujer feminista debe ser austera en el vestir y de que la moda es una limitación femenina. Para Wilson, la moda, por el contrario, también es una fuente de deleite, de gozo, de fantasía, de belleza y un dominio de oposición, de rebeldía, un terreno desde donde hacer afirmaciones de sexualidad, de problematizar lo que significa ser mujer.

Hoy, la academia de la moda es un universo donde todas estas discusiones son posibles. El gran reto de Fashion Studies y de la moda intelectual, es encontrar lenguajes y formas de escritura que toquen al gran público de moda del presente. En esencia, que la moda exista en la academia y que sea digna de reflexión intelectual, es un reflejo de que lo femenino ha ganado mucha fuerza, y de que por primera vez en la historia, tanto la moda, como las mujeres, tenemos posiciones que nunca habíamos tenido.

Una de mis conexiones favoritas es la que existe entre moda y cine.

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Las ideas de estética, feminidad y el espíritu de la época en que vivimos también son grandes pasiones que tengo. Incluyo en esas la joyería vintage.

Joyas Vintage

Otoño en las calles de Nueva York.

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Uno de los libros que más he adorado en esta trayectoria es de la socióloga Sophie Woodward y explora la relación que tienen las mujeres con sus armarios y los vínculos entre psicología y ropa.

Why women wear what they wear

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