Memorias de Moda: Hippies

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Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

La moda es un panorama donde reina el cambio. Vistazos a su pasado siempre implican redescubrir la capacidad de transformación que tienen los seres humanos, las muchas versiones que han tenido las mujeres cuando se trata de la apariencia. Pero hay momentos y capítulos de la moda que llevan el significado del cambio a otro nivel. Se llaman hitos – puntos que marcan una transformación tan poderosa que su presencia altera todo a nivel revolucionario.

La historia de la moda es hechizante en parte porque nos muestra todas las posibilidades que ha dado a sus seguidoras en momentos distintos y distantes. En los años veinte, se acortaron los vestidos y los cuerpos se liberaron completamente del corset. Escándalo. Al final de los cuarenta, luego de que la Segunda Guerra europea trajera ánimos opacos y escasez de telas, se retomó la opulencia, las cinturas ceñidas, las faldas amplias y acampanadas. Reacciones encontradas.

Todos los momentos de cambios profundos en las vestimentas tienen este efecto, es cierto, pero tal vez ninguna época fue tan absolutamente motivadora de cambios indelebles como la década del sesenta. Las ideas que se hilvanaban dentro de la ropa tenían todo que ver. Era este el primer momento de la historia humana en que se permitía tanta indulgencia con la libertad personal, la rebeldía contra un sistema, las expresiones contra la represión.

Era, además, el primer momento en que la juventud pasaba a ser el ideal estético. Nunca antes había sido de esa manera. Para un maestro de la Alta Costura como Cristóbal Balenciaga, por ejemplo, habría sido ridículo, risible, impensable diseñar para señoritas veinteañeras, delgadas y solteras. Hoy, que estamos tan habituados a que ser joven siga siendo el gran ideal de la moda y la belleza, esto puede parecernos una idea extranjera. Pero fue en los sesenta que ser joven se volvió algo estiloso. Y fue también en ese momento que se sembró la idea de que la delgadez era otro ideal que debían perseguir las mujeres.

El gran emblema de eso fue una de las modelos del momento, Twiggy, una jovencita rubia y londinense, cuya fragilidad, pelo corto y pequeñez la hacían lucir adolescente. Twiggy sembró, además otra idea: que un icono de estilo podía provenir de la clase obrera. Un hecho que reflejó otro tema importante de los sesenta – el borramiento de los límites y la validez que comenzarían a tener grupos que antes habían sido excluidos e invisibles.

Pero los motivadores de muchos de los cambios sustanciales a nivel de estética no estaban conectados con la moda directamente. Eran los rebeldes, los jovencitos que se sublevaban contra todo tipo de sistema organizado, los que celebraban la individualidad máxima, el jugueteo con la consciencia, la indulgencia en los deseos, la celebración de un amor amplio, las acciones sin restricciones, la energía musical, la búsqueda de lo natural y los efectos de lo orgánico.

Los llamaron hippies porque eran herederos de los hipsters, y los beatniks, aquellas agrupaciones que una década antes habían sembrado las ideas de bohemia, liberación individual, rebeldía, vidas itinerantes y anti-sistema. Los hippies fueron símbolos radicales de algunas de las ideas más poderosas que definieron a los sesenta – ideas que incluso llegaron a un nivel semejante de radicalidad que terminaron por convertirse en tergiversaciones extremas.

Y aún cuando pretendían estar desconectados de todo sistema, los hippies tradujeron sus comportamientos e ideas a las ropas que usaban. Los jeans se volvieron símbolo de la disolución de límites entre hombres y mujeres; ambos géneros, además, se dejaban crecer el pelo en un gesto que reafirmaba su conexión con la naturaleza; los vestidos amplios y las blusas campesinas hacían alusión a los sentimientos de libertad; las flores y los símbolos consecuentes eran maneras de afirmar un ánimo amoroso y pacífico. Y las faldas se hicieron cortas, como nunca antes, volviéndose mini y marcando un momento de despliegue hasta entonces sin precedentes.

Muchas de esas ideas y muchas de las vestimentas que las materializaban han quedado entre nosotros, tan marcadas, que las vemos naturales y familiares. (Jeans, estampados florales, siluetas bohemias, minifaldas – en una época ecléctica y libertaria, pocas cosas tienen la capacidad de sorprendernos).

A veces hay que mirar lo más conocido con cierta distancia para comprender el valor que puede tener. Los sesenta, los símbolos de los hippies, vuelven además con bastante frecuencia. Una mirada al estilo del festival musical Coachella de los últimos años es una demostración de ello. Las pasarelas también se salpican cada tanto de esos elementos. Son el recuerdo de que algunas épocas de la moda transformaron la estructura misma de la vida humana.

¿Qué piensas del estilo hippie? ¿Lo adaptas?

– Leer más: http://blog.nafnaf.com.co/content/memorias-de-moda-hippies

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