LENTE CRÍTICO: Amelia Toro, Bogotá Fashion Week

by

Vanessa Rosales

Bogotá

Entre sus tantas funciones, la moda también puede ser caricatura. Una versión satírica de la condición humana, un retrato agudo de vanidades. Y también, en esa línea, puedes ser afán conspicuo. El calculado ímpetu por hacerse notar entre esa camada que vive, subsiste e interpreta el mundo de las apariencias y el vestir.

En Colombia, (y en todas partes, para no evadir un sentido de sensatez) un evento de moda siempre es un burbujeo de egos e inseguridades, que se camuflan en extravagancias estilísticas, que se expresan en ensambles intencionados, que se forjan en sonrisas y saludos efusivos, que se notan ante la iluminación de flashes y el registro fotográfico de sociales. También existen, en estos casos, individuos verdaderamente apasionados por el tema, adoradores de este universo que se mece siempre entre la banalidad de lo efímero y la fuerza cultural. En Colombia, un evento de moda es un metáfora de síntomas múltiples de nuestro contexto cultural. Y eso, en un día de buena disposición anímica, puede hacerla fascinante.

Lo que si persiste ciertamente como un enigma aún por roer es por qué en nuestra industria se han elevado ciertas figuras a categorías que entonan con la experticia y la importancia. El misterio, sin embargo, es asunto de otras reflexiones pero suele ser pregunta reavivada en estos encuentros.

Bogotá Fashion Week, que hace parte de una peculiar cultura de moda colombiana donde proliferan los eventos de moda como en ninguna otra parte, inició (impuntual) con una retrospectiva de Amelia Toro, uno de los nombres que hizo parte de la camada de la moda colombiana mucho antes de que el boom actual se esparciera por el país. Toro, que también comercia en Nueva York, donde tiene tienda y estudios en Parsons, es conocida por un lenguaje romántico, con feminidad de dama y fantasiosas pinceladas de girliness urbano.

Que la retrospectiva fuera escenificada en el Museo Nacional es muestra de cómo las concepciones de la moda en Colombia están alcanzando nuevos significados. Hace décadas ya que el mundo de la moda penetró los espacios habitualmente acostumbrados para el arte y en ese sentido, la apertura fue asertivamente simbólica pese a su leve caos organizacional.

La muestra, sin embargo, lanzaba un mensaje mixto. Entre los acudientes – interesados en la ropa y no en tanto en el afán de anunciarse ruidosamente como un insider de este mundo – circuló la pregunta sobre el criterio de la selección, la base de la curaduría, del orden y del sentido de la mezcla. Presenciar la retrospectiva de un diseñador debería trascender el mero objetivo de exhibir un collage de tiempos y momentos creativos – es preciso (y todo un reto) encontrar un hilo conductor, un elemento de narrativa.

La duda, de si se trataba de un asunto de cronología o un muestrario de lemas generales, persistió a lo largo del desfile, donde el espectador sí pudo avistar características del trabajo de Toro: sus siluetas de dama retro, sus vestidos fluidos y balanceantes, algunos acordes tipo mod, un romanticismo que rompe la silueta en la zona divisoria del torso y también instantes de brillo, de detallismo fulgurante y de abrigos urbanitas. Pero también uno de mis puntos personales de discrepancia con la diseñadora: el uso literal de molas y lemas indígenas en abrigos, vestidos y carteras estampadas. Tal vez en el contexto inicial y creativo de Toro este recurso de la literalidad bien podría haber recibido – sobre todo en el mercado neoyorquino – como un estimulante exotismo. Pero es, al final, y más allá del momento o el lugar, un recurso perezoso, cuya literalidad ahuyenta la posibilidad interpretativa (uno de los retos de alquimia más difíciles al que se enfrenta un creador cuando se anima a explorar los terrenos de su identidad local).

La retrospectiva y la apertura general dieron muestras de buenas intenciones (la celebración de una industria animada, la disposición de celebrar también ciertos elementos identatarios de lo bogotano, el uso de un bello espacio) que sin embargo carecieron de emoción y de fuerza conceptual. Y demostró que nuestra caricaturesca escena de moda siempre es un punto de partida para analizar ese hervidero de vanidades y pasiones, de interés y de superficialidad, y que deja en el aire estela de preguntas sobre por qué la moda es una pasión tan rotunda en el esquema colombiano.

Crédito de fotos: Fashion Radicals

Amelia Toro 1

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1 Response
  • Mariana B
    May 19, 2016

    Me encanta tu postura y criterio, no es el típico análisis superficial de los demás. Nos da una mirada más clara de la realidad a quienes no podemos asistir a este tipo de eventos.

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