Hablemos sobre POLITE

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LA MIRADA DIGITAL DE LA MODA:

La última colección de la firma es una muestra de cómo se puede crear moda a través de una especie de alquimia visual. Garden of Eden Two es la entrega de una de las voces de diseño más singulares, individuales y poéticas que está dando nuestro momento. Y la muestra de que un diseñador genuino es, sobre todo, un intérprete, para quien la ropa no es un fin sino un medio.

 

Vanessa Rosales 

En el terreno de la moda colombiana existe un nombre que destila una energía particular. Aún cuando al ser mencionado desprenda siempre el sabor que tiene lo outsider, – es decir, un tinte ligero de misterio y distancia – también es cierto que suscita, de manera unánime, la certeza de que se trata de una de las demostraciones más fantásticas que ha tenido la moda nacional en los últimos años. Ese nombre, para quienes adivinan bien, es POLITE, la firma que inventa Carlos Polite desde Madrid y que tiene sus rastros de origen en la ciudad de Ibagué.

Los que conocen la historia están familiarizados con el hecho de que la visión de hoy es la deslumbrante evolución de un pequeño atelier de ropa deportiva que fue iniciado por la madre de Carlos y cuyos materiales iniciales – el spazer, por ejemplo – contribuyeron en parte a aquellas siluetas esculturales y flotantes que atraparon la atención colectiva de la moda colombiana cuando la firma brotó en el escenario local, hace más de cinco años. Los que conocen un poco más sobre la firma, saben también que Carlos, su creador, tiene una formación pictórica, una sensibilidad alarmantemente lúcida, atemporal y un temperamento reservado.

Hoy, y con Carlos anclado – desde los diecisiete años – en España, la firma, que ha dado cuenta de los significados de una exuberante evolución, ha abandonado algunos de sus materiales originales así como el rótulo colombiano como circuito de muestra principal. Algunos, tal vez, tuvieron la fortuna de presenciar las muestras de POLITE en Colombiamoda – performances cargados de estructura conceptual, riqueza ideológica y belleza deseable – una combinación extraña en las creaciones de moda actual. Desde entonces, sin embargo, la firma ha dado un giro a sus métodos de visibilización.

Salvo el espacio de exhibición que aún persiste en el norte de Bogotá, las energías de POLITE se han canalizado hacia la audiencia neoyorquina y global. Natalie Joos, conocida por su vivacidad sartorial, ha sido una de sus usuarias. Y hace poco, por ejemplo, tuvo como musa y colaboradora creativa a la sensacionalmente excéntrica Michele Violy Harper, un gesto que sirve como metáfora para discernir la gama de creatividad detrás de la visión actual.

Violy Harper es una de esas rara avis de la moda cuya apariencia, construida sobre la fantasía de una extrema individualidad, no apela ni resulta digerible para todas las sensibilidades. No es casualidad que sea ella el tipo de mujer que pueda generar un vínculo de empatía con alguien como Carlos Polite. En ambos centellea un rasgo casi extinto en la moda sobresaturada que nos rodea: un sentido audaz de autonomía y de individualidad.

Lo más reciente de POLITE es una demostración más de esa feroz cualidad. Un vistazo a la última colección es el encuentro con un lenguaje que es ya distintivamente POLITE: la conjugación de siluetas clásicas con puntadas contemporáneas.

Esta vez, bajo el título de Garden of Eden Two, se trata también de una intensa orquestación cromática, salpicada de lemas florales, pizcas botánicas, abrigos ensoñadores y la simbiosis – muy relevante – entre códigos tradicionalmente reservados para lo primaveral con las fórmulas necesarias para los fríos urbanos.

La muestra se siente hipermoderna, es decir, en sintonía con el feel estético de nuestra época (sin perder por un instante el sello de la atemporalidad) y sin embargo, el elemento de distinción, el punto donde se encuentra la individualidad creativa está en el hecho de que se trata de una interpretación, muy propia y singular.

Las referencias que componen la alquimia de inspiración dan cuenta de eso. La presencia de estos estampados florales brota de una visita de Carlos al Metropolitan Museum of Art, en Nueva York, y del encuentro, en la librería del museo, con un libro sobre los distintos modos de dibujar y materializar a nivel pictórico flores chinas. Los estampados tienen una cualidad de botánico, impregnados de un aire asiático y coinciden, además, con el colapso general que se advierte actualmente en los colores y los temas de las estaciones. Es decir, con el hecho de que hoy, las flores están lejos de ser parte del terreno exclusivo de la moda primaveral. El eclecticismo actual implica que se han trastocado los elementos tradicionales.

La gama cromática y ciertos elementos a nivel de forma derivan de la conocida viveza colorida que caracteriza a la cultura estética de la India. De allí se incluye, además, una perspicaz desestructuración de dos elementos de vestimenta tradicional: saris y turbantes. El resultado es un cambio de contexto pero una persistencia en la forma de uso – una juguetona abstracción que caracteriza el don de mixtura de la mente creativa detrás de POLITE. En su esquema mental pueden fundirse las más diversas e inconexas referencias, a través de las cuales Carlos crea una mixtura que suele ser siempre una sorpresiva amalgama fluida. Los elementos, dispares, se sellan con pasmosa armonía y quien se anima a escarbar en sus lugares de origen puede asombrarse con la diversidad de temas que pueden alentar el proceso creativo de Polite.

Lo botánico con matiz chino, la facilidad de uso del sari y el contraste colorido se encuentran, además, con otro elemento inesperado: un dorado chocante y no obstante complementario que destila de las pinturas de Gustav Klimt.

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Que las referencias no procedan de contextos cercanos al terreno del vestir es un reflejo importante de que, contradictoriamente, la moda es lo que menos motiva a Carlos. La ropa es un medio para un discurso que ofrece, sobre todo, análisis de la época que nos rodea. “La moda no está hecha sólo para satisfacer la vanidad de una mujer”, dice Carlos, “está para desnudar su alma”.

Entre sus tantas posibilidades, la moda es un canal de ideales. Pero si observamos el paisaje actual, ¿qué ideales nos arroja la moda desde su caleidoscópico cristal? ¿Es una moda que puede decirse está caracterizada por tener justo eso, alma?  

Lo cierto es que la moda actual nos arroja un reflejo de alta educación visual – jovenzuelos y espectadores profusamente entrenados visualmente pero alentados por un exceso visual que tiene también como gran base la ignorancia. Gran posibilidad de visualización, selectividad escasa. Es, tal vez, una de las contradicciones más punzantes del momento de moda que experimentamos.

El lenguaje de POLITE es una especie de rebeldía, discreta y sutil. Si hay algo que sí motiva a su inventor es la idea de que sus piezas sean un canal hacia la belleza de interpretación individual.

Y la belleza se entiende aquí como aquello que existe según quien la mira. La pretensión de Carlos Polite no es que quienes observen la belleza que él crea la amen o compartan, sino que la aviven desde su prisma personal. Su mirada, además, está puesta en la posibilidad de crear para una mujer que se reencuentre con la belleza sutil, es decir, la que nace del ser.

Si hay otra cosa que caracteriza esta moda veloz y actual es el hecho de que está sembrando los cimientos de un nuevo sistema y un nuevo siglo. De allí el caos y la confusión ante lo digital, de allí que los nombres titánicos del siglo XX estén colapsando o al menos enfrentándose a nuevos órdenes y necesidades. Tal vez, más adelante, luego de que asienten los remolinos, se verificará que lo que se está gestando también es una era que celebrará con fervor el tipo de individualidad que está sembrando también un sello como POLITE.

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