El artificio de Celia

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Por: Adela Cardona

Metros de lentejuelas sobre tacones hechos a medida y pelucas de colores fosforescentes. Labios carmesí o fucsia, uñas infinitas y puntiagudas, Celia. Celia Cruz, ícono de Latinoamérica, de Cuba, para el mundo. Reina de la salsa, la Negra que tiene tumbao, era todo performance, todo espectáculo, todo estela de glamour, a falta de belleza usual.

Reina de la seducción, como la definió Baudrillard, su forma de vestir iba en contra del régimen de representación que muestra la belleza como algo natural de la mujer. Ella misma decía: “Yo era fea… sí, tenía una buena voz, pero no tenía los looks que muchos agentes querían representar”. Y tampoco quería esforzase por tenerlos, no quería ser considerada como una estrella sexualizada que se vendía por su cuerpo, como su contemporánea, La Lupe. Por eso, usó “el poder de desfigurar un cuerpo que era considerado feo”[1]. Los colores de sus pelucas no pretendían ser naturales: fucsia, morados, naranja, azul. Sus vestidos jamás pasarían desapercibidos: lentejuelas, animal print, plumas, pelo. Sus accesorios eran grandes y extravagantes. Ella era, a falta de mujer bella, mujer construida meticulosamente anulando su naturalidad: “anular los ojos con unos ojos más hermosos, los labios con unos labios más brillantes…el artificio no aliena al sujeto de su ser, lo altera misteriosamente”[2].

Misteriosamente ataviada, hecha de boleros, candongas gigantes, estampados grandes y hasta turbantes, era además, un intento por representar su latinidad, la cubanidad que tuvo que dejar atrás en cuerpo, por el exilio. Su vestuario escénico tenía pizcas del vestido bata cuba y el de las rumberas, con sus colores vivos, sus hombros descubiertos, sus boleros en las mangas y las faldas; su vestido con la bandera de cuba fue el epítome de ello.

También su música, una mezcla de salsa, son cubano y hasta de hip hop, pretendía honrar a latinoamérica, al mismo tiempo que hacerla más internacional. Sin embargo, no toda la audiencia latina aprobó su huida de Cuba y mucho menos sus pasos por Hollywood y la industria del entretenimiento. Algunos la vieron como una vendida y su peluca mona lisa –con la que fue enterrada– fue uno de los símbolos que su “americanización”, así como los tacones dorados que donó al Smithsonian.

Sus tacones de diecisiete centímetros eran hechos a mano por el artesano mexicano [3] Miguel (Pablo) Nieto, bautizado como El zapatero de los sueños. Y en sus zapatos, Celia cumplió los suyos: pasó de ser Hilaria Celia Caridad Cruz, de la Habana, uno de los barrios más pobres de Cuba, a cantar con la Sonora Matancera y ser un ícono de la salsa. Su historia es la de una cenicienta contemporánea que conquistó al mundo montada en tacones dorados, plateados, verdes, cuya estructura parecía desafiar la gravedad. Los tacones, símbolo de latinidad en Estados Unidos, se volvieron sinónimo de éxito con esta mujer voluptuosa, bajita, que movía sus caderas al tempo de su música, elevándose por encima del mundo entero en sus zapatos, como escribió Shakespeare: “Por María Santísima, que vuesa merced está más cerca de cielo que cuando os vi últimamente por todo lo alto del chapín”. Y Celia lo estuvo, estuvo más cerca del cielo que muchos de sus contemporáneos salseros. En un mundo de hombres, de música masculina, ella se erigió como la reina, con su estilo exageradamente femenino y su voz dura y áspera, recordada por canciones como Oye cómo va, Te busco, Azúcar, Usted Abusó y la Vida es una Carnaval. La suya, sí que lo fue, al menos en el escenario.

[1] Dick Hebdrige (2007) citado en Celia’s Shoes. En From Bananas to Buttocks The Latina Body in Popular Film and Culture.University of Texas Press. USA.

[2] Baudrillard (1981), De la seducción. Cátedra.

[3]  Actualización Junio 20, 2017: Pablo nieto

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1 Response
  • Maria Nieto
    June 17, 2017

    Buenas tardes, muy completo el reportaje de Celia Cruz, solo que es necesaria una corrección, el artista mexicano que hacia sus zapatos no es el señor Miguel Nieto, sino el gran Señor Pablo Nieto mi padre, de quien me siento muy orgullosa y el de forma sencilla pero elegante como él era sabia que muchas de las artistas que calzaban sus zapatos no revelaban su nombre completo para evitar ser copiadas en su estilo. Sin embargo es indispensable esta aclaración por que mi padre merece todo el reconocimiento a su labor artistica unica.

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