Moda como Mascarada 

by
 
 
Vanessa Rosales

Durante largo tiempo, la moda era una cuestión de clase, de rango, de status y de etiqueta de la corte. Era considerada peligrosa – sembraba el temor de la irracionalidad, de que una mujer pudiese disolver un patrimonio económico en ropas y cosas. En el siglo XVIII un nuevo discurso transforma muchas de las creencias y nociones que hasta entonces se tenían de la moda.

Al convertirse los hombres en seres públicos, prácticos, útiles, poderosos y trabajadores, las mujeres ganan una nueva posición, son invisibles a nivel cultural pero son construídas como espectáculos visuales y se convierten en las consumidoras comerciales. Entonces, la Moda, que hasta entonces era una cuestión de posiciones, comienza a verse bajo nueva luz: colapsada toda ante el sexo como gran categoría determinante.
La prensa francesa crea esta discurso, alimentando la idea de que la #moda se vuelve un tema asociado a los sexos y no a las clases. Dicta que la moda es un tema de tocadores, no de academias serias; que al ser un tema innato de lo femenino, un asunto intrascendente, es todo menos peligrosa. Y que responde al impulso “innato” de las mujeres de complacer a los hombres; mientras que es “innato” en los hombres sentirse complacidos por la variedas que ofrecen las mujeres con sus modas.
Nace así la idea de que la moda femenina es variada y multiforme; mientras que el vestir masculino se caracteriza por la racionalidad instrumental, lo homógeneo y lo uniforme. (Esto ha ido cambiando pero hace pocos días Raf Simons explicaba sus ánimos de romper con esta realidad aún persistente de la ropa para los hombres).
Cuando algunas feministas y teóricas posmodernas escribieron, en los ochenta, legitimando los placeres de la moda, algunas sustentaron su defensa justo en eso. En la idea de que la moda, como fantasía, como juego de transformaciones, como mascarada, puede ser un gozo femenino con pizcas rebeldes, que incluso subvierten la racionalidad instrumental de sistemas primordialmente masculinos. Ornamento como creatividad gozosa y no con fines de funcionalidad racional. Moda como juego de identidades, siendo siempre una sola.
Bella creación de imagen de Andrés Hernández
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