Masculino pero muy femenino

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Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

Últimamente, las galerías digitales de estilo parecen estar llenas de patrones que celebran la influencia de la ropa masculina en la vida de las mujeres. ¿Por qué? Mandan los pantalones tipo sastre, a veces cortos en el tobillo, con blazers y botines. Se usan culottes con tenis blancos. Se usan pantalones sueltos con chaquetas de cuero motociclista. Y en general, los pantalones, en muchas expresiones, se han convertido en parte del lenguaje del estilo actual más celebrado. Con frecuencia, hay algo de los códigos masculinos en un ensamble que nos magnetiza.

Pero, aunque este patrón se repite de manera digital ante nosotras, y aunque para algunas se sienta como una tendencia de novedad, lo cierto es que las mujeres estamos adoptando temas de lo masculino desde que nos fue permitido. (Erase una vez, hasta bien entrados los 40, donde en algunas partes seguía siendo ilegal que las mujeres usaran ropa masculina).

Y uno de los atributos más interesantes de las parisinas y su método chic es precisamente que incluyen de manera recurrente prendas masculinas que destilan: practicidad, modernidad, facilidad de movimiento, gestos que expresan comodidad.

Repasemos algunos de los imprescindibles en el archivo de las francesas: gabardina, blazer, pantalones, jeans. Pensemos en Emmanuelle Alt y su elegancia urbana, fina, poco ornamentada, que repite de manera constante la fórmula de blazers ceñidos a la cintura y de pantalones que se contrastan con tacones o zapatos sutiles. Pensemos en Jeanne Damas y sus jeans de aire vintage, sueltos, combinados con botines de tacón y blazers también masculinos.

Y pensemos incluso más atrás, en Chanel, cuyo préstamo constante del armario de los hombres en su vida le ayudó a forjar un estilo eterno que tiene en su corazón el confort femenino.

El vestir masculino alcanzó, en el siglo dieciocho, un nivel de modernidad tan rotundo que poco se ha transformado en casi dos siglos. Las piezas elementales siguen siendo parecidas. Y están cargadas de funcionalidad y de andanza libre.

Eso es lo que las mujeres han buscado al gozar ellas de la libertad – que no existe en el mundo masculino – de apropiarse de ciertas prendas del armario de los hombres.

Cuando una mujer se pone algo ultra-masculino – un abrigo afilado, un blazer pulido, unos pantalones con corte de sastrería, unos Oxford clásicos o con algún giro – es posible que suceda lo que con las parisinas: el contraste resalta la feminidad.

¿Casos de la historia que muestran esta idea? Katharine Hepburn, ultra-delicada, bellísima, con pantalones kaki y blusas de seda color marfil. Marlene Dietrich adentro de un traje tipo tuxedo, potencializando su feminidad.

Los ejemplos de hoy no son tan literales. Después de todo y como sabemos vivimos en una era de vestir hecha de interpretaciones y posibilidades. La influencia de lo masculino se observa más en los pequeños y significativos detalles del estilismo. Un blazer y un par de pantalones muy funcionales son rematados con unas sandalias muy femeninas. Un par de jeans y un saco oversized permiten ver a una mujer con actitud llena de gracia. Unos culottes, al ir con botines, se juntan con algo sensual y delicado en la parte superior.

La magia es el contraste. En usar lo fabuloso del vestir masculino – una tradición hecha de función y movimiento en libertad – para resaltarse mujer, para la cual es posible escoger lo mejor de todos los mundos del vestir.

– Leer más en: http://blog.nafnaf.com.co/content/estilo-masculino-pero-muy-femenino

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