Bailarinas

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3 Retro Chic con Brigitte Bardot - vía pinterest

Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

La moda es un mundo de imágenes, pero también un paisaje de palabras. Cuando se hace el ejercicio por describir, verbalmente, una de las grandes características del estilo de la mujer parisina, una palabra surge casi siempre: effortless. En español, este concepto se compone de dos palabras – sin esfuerzo.

¿El estilo que admiramos es, realmente, fruto del poco esfuerzo?
¿O se trata más bien de un efecto que admiramos porque, como en el caso de lo francés, combina la preocupación con verse bien con una forma balanceada de hacerlo?

El mito y la realidad del estilo de las francesas existe porque hay cosas en su apariencia que nos fascinan, que ellas repiten a través del tiempo, que se practican como herencias y se definen como acciones deseables para la mujer que quiera vestirse bien. Cultivan su estética de cierta manera.

Pero, al mismo tiempo, algo en ellas nos dice que la apariencia es importante, pero que no lo es todo, que hay margen para caminar libremente, que hay espacio para una vida rica y llena de placeres. Que la estética se sustenta de cosas como la comodidad, la capacidad de moverse, la habilidad de pensar y gozar la vida más allá de lo que nos ponemos.

Si muchos looks o pautas en la estética de las parisinas tienen esa estampa que las hace ver sin esfuerzo es porque incluyen piezas que permiten algo que tiene un gran poder: confort. Gran parte de lo que definió a la mujer moderna fue saborear la posibilidad de vestirse cómodamente, de moverse de manera más libre.

En ese inventario de piezas típicas que caracterizan a la parisina que se ve fabulosa sin esfuerzo siempre están las bailarinas. Los zapatos que según algunos autores especializados en la estética parisina son, en el calzado, el equivalente de lo que es el vestidito negro en el vestir. Los zapatos que permiten, con su gran toque femenino, gran libertad de movimiento. Sello femenino. Romanticismo de París.

Con frecuencia, las francesas son prueba de que lo predecible, los tacones, por ejemplo, no siempre son equivalentes de sex appeal. Las bailarinas, aunque supremamente girly, cargadas de una feminidad evidente, asociada al baile, a las mujeres que se dedican al ballet, destilan una sensualidad distinta. Basada en lo que es absolutamente femenino. No hay nada más sensual que la conexión con el cuerpo, con la disciplina de moverlo al compás de ritmos aprendidos. Las bailarinas tienen conexión primordial con el mundo sensual del ballet.

Pero en el mundo del estilo: las clásicas de Repeto, las bicolor de Chanel, las que hizo Roger Vivier, las que usó Briggite Bardot en sus estancias por Saint Tropez, las que vistió Audrey Hepburn en el famoso filme Funny Face y las que usó Catherine Denueve en Belle du Jour. Todas hablan de confort para la vida urbana, de sensualidad discreta, de gestos femeninos, de sutileza y de la habilidad de caminar sin impedimentos. Son estampa de lo parisian chic. Son frecuentes entre mujeres que buscan delicadeza y funcionalidad en sus vidas movidas.

Las bailarinas son símbolos de aquello que admiramos porque parece libre de esfuerzo, aquello que es fácil, delicado, lleno de gestos de mujer, rotundamente flexible a la hora de combinarlo en nuestras vidas, hecha para el movimiento, la feminidad y el realismo.

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