Daring Greatly

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La moda ha sido musa de las más cruzadas perspectivas. Que es frívola y malévola, como una deidad controladora que somete a las mujeres a ideales inalcanzables. Que es una forma de subversión, el modo que tiene una mujer para declararse ante al mundo como una juguetona intérprete de identidades, siendo siempre una sola, pero con amplias libertades. (Una posibilidad que no le ha sido dada a los hombres, por ejemplo, quienes tienen un vestir que se caracteriza por ser bastante parejo). Se ha dicho que a través de ella, la moda, podemos entender mejor un momento de la historia. Que ella es reflejo fiel de cambios sociales. Que está en todas partes y mueve más personas de las que se cree. Que hoy es imposible ignorarla y que puede ser una vía hacia las profundidades de la cultura. 
Pero a veces las opiniones sobre la moda se cruzan, contradictorias, en una sola mujer. Hay días en que ella es un vehículo de diversión. Y otros en que se siente como un lastre con el cual poco queremos tener que ver. En sus momentos más deliciosos, las moda nos conecta con nuestro poder interno. Nos hace sentir fabulosas en nuestra propia piel. Nos recuerda que las mujeres tenemos una capacidad bella y exuberante para la expresión. Nos sirve como lenguaje de afirmación.

En sus momentos menos plácidos, la moda puede hacernos sentir insuficientes, estancadas, desposeídas de las maravillas que pavonean las mujeres que seguimos y nos influencian con su estilo y su gracia. Puede hacernos sentir de poco valor, persiguiendo en nuestras fantasías sueños y ropas que no podemos acceder de manera rápida. Entonces la moda nos pesa, puede nublar nuestro sentido de valor y puede, incluso, entristecernos.

Como tantas otras cosas de ser mujer – y de la vida misma – los efectos que tiene la moda sobre nosotras depende de la forma cómo la asumimos. Del enfoque que le demos. De la actitud con la que nos vestimos. Y más que eso, de la forma cómo nos proyectamos cuando juntamos piezas de ropa para aparecer en público. Si nos vestimos buscando aprobación de los otros, sentiremos un vacío. Si nos vestimos para poner en lo externo nuestra fuente de gozo en el vestir, de seguro perderemos

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