Materia de Moda con SINGER

by



Poderes de una moda palpable

 

¿Cómo integrar el pasado y el presente de la moda a través de un arte de siempre? A través un objeto que nos conecta con el poder de la moda en su aspecto más material.

 

Vanessa Rosales

 

Algunos críticos actuales dicen, con frecuencia, que la moda de hoy es plana. Es decir, que se ve, sobre todo, a través de dispositivos móviles, que se experimenta desde la actitud despersonalizada, que se vive a través de clics y vistazos rápidos. Es moda hecha para pantallas. Este comentario, en sus versiones más nostálgicas, cree que la moda de hoy es bidimensional, virtual, visual y por ende, poco real.

Los críticos en cuestión evocan los tiempos donde los desfiles, por ejemplo, eran experiencias espectaculares donde se podía sentir la ropa a través de los sentidos. Evocan también los momentos donde los creadores tenían tiempo, procesos largos, para reflexionar, fabricar historias, inventar.

Hoy, dicen, un desfile es un paisaje de selfies, celulares y flashes; hoy, la presión por crear a la velocidad en la que corren las imágenes y la información digital está coartando las posibilidades de invención y con ello, la moda se ha vuelto un espectáculo que se basa mucho más en imagen que en realidad.

La crítica basada en la nostalgia y en la idea de que todo tiempo pasado fue mejor siempre es peligrosa. Los tiempos cambian y una época no es mejor ni peor que otra; son momentos distintos, con ambigüedades distintas, con expresiones en contraste. Cada momento con sus maravillas y sus fragilidades.

Es cierto: la moda de hoy es vertiginosa, veloz, está en todas partes, es accesible gracias a su capacidad de viajar, en forma de imagen, a través de pantallas de computadores y celulares.

Es un paisaje alentado también por la moda rápida, es decir, pos las grandes cadenas que destilan con gran rapidez lo que está en el radar de las tendencias globales. También un momento motivado por el apetito voraz de reemplazar bienes con otros, ordenado por un sentido imperioso de velocidad. Vemos tantas imágenes de moda, tantos reemplazos de prendas por otras, que queremos de manera individual seguir ese ritmo y ser rápida y constantemente fashionable.

A veces, da la sensación de que ya la moda no tiene pasado ni futuro: parece ser, como dijo una teórica francesa, un eterno presente. Nada es nuevo como antes, nada retiene la atención lo suficiente, todo se esfuma con velocidad extraordinaria.

Y también es cierto que la moda del presente es, muchas veces, una experiencia digital. En gran parte porque mucho de lo que vemos de moda es a través de pantallas. Pero también porque los diseños, la fotografía de estilo callejero, las imágenes de influenciadoras e intérpretes están pensadas para tener un efecto visual en esas pantallas. Y porque, adicionalmente, el apetito por mantenerse a este ritmo imparable genera comodidad ante la idea de comprar ropa que es hecha rápidamente, que calca modelos de alto diseño, que no durará en el tiempo.

Tracemos un contraste de épocas rápidamente.

Antes, debido a los roles que tenían las mujeres en la sociedad, eran común y deseable que éstas aprendieran y supieran coser. Era parte de la educación académica, era una práctica en las tardes libres, era un hecho dado entre la feminidad: coser hacía parte de aquellas cosas domésticas que definían lo que era entonces una mujer.

Liberaciones, logros y maravillosas posibilidades transformaron esos roles. Y hoy sabemos bien que las mujeres se volcaron más y más hacia fuera, deshaciéndose de lo doméstico como su única posibilidad. Pero, he aquí la ambivalencia: el hecho de que tantas mujeres supieran coser les daba un gran poder que muchas mujeres de hoy no tenemos. ¿Cuál es ese poder?

Reconocer la calidad de una prenda, por ejemplo. Saber la razón del precio de algo que se está adquiriendo. Poder intervenir una pieza comprada. Poder incluso hacer algo con la imaginación (o en otras épocas, siguiendo los modelos que venían con las revistas impresas).

Peligroso decir que esa época fue mejor. Riesgoso también afirmar que la nuestra carece de sustancia. Tal vez es más bello pensar que, hoy, también es posible reconciliar el presente y el pasado. Y al hacerlo, podemos hacer surgir poderes mixtos. Por ejemplo, experimentar la riqueza visual de la moda actual y también usarla para rescatar de otros momentos esas habilidades que podían empoderar a la fiel seguidora de los dictámenes de estilo.

Alber Elbaz dijo hace poco algo sobre la magia que se crea con la paciencia de las hacedoras que se esmeran con los hilos.

Nada es comparable al conocimiento que genera tanto acceso visual a la moda. ¿No sería maravilloso reconciliar ese hechizo visual con el poder de hacer, fabricar, interferir, modelar, crear?

Es decir, ser parte de un momento de moda digital, altamente visual, pero recuperar también su sentido palpable, su versión táctil, su forma más real, su objeto atemporal: las máquinas de donde brotan imaginaciones y sueños hechos ropa y afirmaciones de identidad.

Singer

2 Responses
  • Maria Rocio gonzalez
    December 4, 2015

    les cuento q yo voy a justar 61 años y toda mi juventud y todavía coso en mi maquina de coser Singer porque Singer es la mejor les deseo una feliz navidad y un feliz año.para todos pero en especial a SINGER

  • Bárbara
    December 6, 2015

    Qué gran pregunta te haces en el texto: si la fascinación podría tener su correlato en el hacer.
    Mi experiencia con lo antiguo, en este sentido, son varios vestidos de mi abuela que después de décadas descubrí y mandé a ajustar para mí, me encantan.
    Por otro lado, no sé coser y me gustaría encontrar un taller donde nos enseñen lo básico de las máquinas y, quizá también, el arte de confeccionar, entonces, ¿conoces algún lugar, o recomiendas algún sitio en especial, para iniciarse en la costura de vestuario femenino?

    Muchas gracias y cordiales saludos, B.

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *