Materia de Moda con SINGER

by

Postal-Singer

Máquina de posibilidades

 

Vanessa Rosales

 

La moda siempre ofrece un interesante espejo para asomarnos a cómo eran las vidas de las mujeres en otros tiempos, diferentes al nuestro.

Erase una vez, por ejemplo, hace mucho, cuando una mujer necesitaba ayuda de varias otras para vestirse (para amarrar el corset, para ajustar las muchas capas que conformaban un vestido para el día a día). Erase una vez un momento donde una tendencia era como una norma fija, sagrada e inviolable, que duraba al menos seis meses. Hubo algún tiempo en el que moda sólo era legítima y auténtica si provenía de las exquisitas manos de artistas parisienses. También, más atrás, erase una vez donde la moda era sólo para quienes tenían el dinero de poseerla. Y hubo épocas en donde las autoridades exclusivas de la moda eran los diseñadores y las revistas, entonces sus únicos intérpretes.

Pero si la moda es una manera siempre fascinante de leer el pasado y de entender nuestro presente, también es cierto que a través de ella hay una gran constante: el cambio.

Por eso, erase también una vez donde saber coser era algo no sólo frecuente sino muchas veces un requisito para una mujer. Era común que fuera parte del currículum en las escuelas. Era tradición femenina para que las mujeres cumplieran el paquete de esposa integral. Era un pasatiempo de tardes y tiempos libres hogareños. Era una herencia entre generaciones que en un solo salón compartían y rehacían según su edad y momento. Era uno de los hábitos entre muchas mujeres que vivieron una época donde sus vidas eran mucho más domésticas.

Las máquinas de coser era un objeto común en las casas más diversas. Las revistas de entonces traían modelos que planteaban tareas y retos para estas mujeres también. Este espejo de la moda es muestra de que coser era común porque muchas mujeres se desenvolvían en el mundo doméstico.

Pero los cambios, como siempre, llegarían a la moda de ese momento. Muchos procesos comenzaron a cambiar la relación que tenían con las mujeres con ella.

La moda abandonaba su relación exclusiva con la posición social y económica para volverse un tema de expresión e identidad. Otros lugares además de París comenzaban a producir su propia visión de vestir y alta moda. Los avances tecnológicos traían la facilidad en incremento de fabricar ropa de manera masiva, con tallas estandarizadas. Los ritmos de la moda – tanto de producción e información – comenzaban a cambiar. Los ciclos a hacerse más cortos. Las fuentes de “autoridad” iniciaban su proceso de multiplicación.

Y mientras, las mujeres comenzaban a gozar de libertades nunca antes vistas. Se volvieron significativamente más activas. Atrás comenzaban a quedar los tiempos en que el rol exclusivo de una mujer era madre y esposa. Una mujer podía ser exitosa profesionalmente, perseguir el oficio que quisiera y combinar esa realización con la maternidad y el amor. Mientras, de fondo, atrás quedaba también la idea de que la moda era una dictadura a la cual había que adherirse por pertenecer sin un sentido de identidad o de noción crítica.

Y porque la moda comenzaba a ser un tema más presente, visible en la televisión, en el Internet, en nuevos canales más rápidos, más accesibles, sus ciclos de producción, sus nuevos requisitos de consumo comenzaron a cambiar también. El mundo y las mujeres conocieron la moda rápida, un sistema masivo de producción de ropa que sigue las líneas de la moda global a un ritmo veloz y con una calidad accesible pero no siempre duradera.

Así, las máquinas de coser comenzaban a ser patrimonio más común entre modistas, estudiantes de diseño, mujeres de otras épocas – símbolo de una época donde las mujeres tenían un conocimiento y una relación distinta con la moda y el vestir.

Había algo bello en el hecho de que una mujer tuviera conocimiento preciso sobre la prenda que entrara en contacto con ella. Podía dictaminar su calidad, su textil, el valor que podía tener, si sería duradera o efímera. Podía también alterar algo que hubiese adquirido y que no cumplía del todo sus expectativas.

Pero también había muchas espinas en que una mujer sólo pudiera desenvolverse de manera limitada. Las liberaciones permitieron cambios bendecidos, ampliación de sus posibilidades, existir más allá de un hogar, desprenderse un poco de ciertas condiciones que eran estimadas femeninas.

Las generaciones actuales, habituadas de manera mucho más natural a estas posibilidades, hoy tienen una relación con la moda que es, por supuesto, distinta.

La ven en sus pantallas de computadores y celulares. Viven una era donde la moda es un interés general, parte de la cultura y la imaginación popular. Están expuestas a una cantidad tan abrumadora de imágenes donde hay cambio constante de vestuario, que esto ha cambiado los apetitos de consumo que dominan. Al poder ver tanto, quieren tener mucho más. Y esto va en perfecta sintonía a lo que les ha permitido la moda rápida: cambiar con frecuencia de vestir, estar dispuestas a sacrificar volumen por calidad, conectarse velozmente con las tendencias que aparecen en las pantallas que miran.

Esa manera de experimentar la moda implica que muchas mujeres que hoy la viven lo hagan de manera más visual que material. Es decir, que muchas no sepan coser, no sepan fabricar, que no sepan reconocer valor, calidad, proceso y así. Afortunadamente, muchas no saben coser por la maravilla de poder desenvolverse en casi cualquier área escogida.

Pero también es cierto que hoy las mujeres vivimos una era de moda basada en el eclecticismo. Es decir, en la mezcla, en la coexistencia de elementos muy distintos que lucen con armonía. Si esto aplica para nuestro vestir y estilismo, ¿no podría aplicar también para la relación con la moda misma? ¿No podríamos pensar, siguiendo esta línea, en acercar lo material y lo digital?

Es decir, retomar algo de esa materialidad, de volver a conocer la ropa a través de su aspecto más físico – cómo está hecha, de qué, cómo, qué método, cómo alterarla, cómo rehacerla, cómo hacerla desde cero inclusive – y mezclar eso con toda la información que tenemos disponible, con todas las imágenes que nos sirven de inspiración, creando incluso un armario donde se encuentre lo rápido con lo que está hecho por nosotras mismas.

Sería ciertamente una manera distinta de experimentar la moda, entendiendo su pasado y aprovechando las bellezas de su presente. Creando una mezcla poderosa entre conocimiento de antes e información voluminosa del presente. ¿No sería bonito reinventar nuestra relación con la moda de esta manera?

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