Carta sobre un oficio de contradicción 

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Queridos lectores,

Semana tras semana, reciben desde aquí estas postales digitales que en muchos pueden generar confusión.

Al final de cuentas ¿qué es una fashion writer? 

¿Qué significa ser una “escritora de moda”?

¿Y por qué si el propósito primordial es, como la categoría lo indica, la escritura, es que muchas de las imágenes que llegan con estas postales tienen una cualidad que se asemeja más al blog de estilo personal?
Es decir, fotografías que vienen salpicadas de una considerable dosis de autopromoción y narcisismo.

La primera categoría, la de escritora de moda, tiene que ver con un oficio que hace de la moda su eje de reflexión. Un oficio que en esta biografía tiene unos diez años en formación.

Un oficio que teje un género que combina en sus piezas escritas pizcas de una formación en historia y filosofía; un aprendizaje académico en periodismo y una formación más madura y específica en teoría de moda.

Todos estos componentes hacen parte de los precedentes y práctica híbrida de quien esto escribe.

El segundo subgénero al que esta pequeña carta se remite, el de blog de estilo personal, es una categoría que tiene raíces en todo el estallido de interpretación democrática que sembró en nuestro mundo el estallido de la blogosfera a comienzo de los 00.

Una bloguera de estilo personal es, en una breve descripción, una mujer que narra un sentido de identidad a través de sus estilismos. Gran parte de su éxito consiste en la capacidad constante de renovación, y en demostrar, a través de sus escogencias de vestir, que es hábil para el eclecticismo y la imaginación. Suelen ser estéticamente inspiradoras y magníficas.

(Y ya quisiera una mujer como ésta, más proclive a la simpleza y las fórmulas efectivas, poseer semejantes de dones de estilización).

Según las miradas más conservadoras, una ensayista de moda, por ejemplo, o una escritora o crítica especializada en el tema, no tiene una función compatible con una mujer que usa su imagen personal como eje de identidad o para construir una narración sustancial sobre la moda y el vestir.

Pero lo cierto, querido lector, es que estas postales digitales, así como la esencia misma de VanessaRosales.com tienen como base la contradicción.

Y esa contradicción no sólo es el fruto de una formación mixta sino también un modo muy personal de ser una mujer en tiempos hipermodernos.

Porque este es, innegablemente, un paisaje híbrido, una particular mezcla que no es fácil de discernir en los medios que utiliza para su difusión.

Primero, porque se sabe que el Internet es incompatible con los textos de larga longitud y ejecución. Y la pasión de quien esto escribe es como ensayista.

Segundo, porque se sabe que Instagram es una plataforma que no está destinada para textos sino para imágenes que de manera inmediata y efímera nos hechizan. Y aún así, las postales digitales que bajo este nombre se publican incluyen, con alta frecuencia, textos que rebasan un solo instante de visualización.

Y tercero porque las imágenes narcisas dejan claro que aquí hay también características de blog. Y sin embargo, cuando aflora esa característica, suele tratarse de un esfuerzo editorial que entiende e intenta materializar las modificaciones que ha tenido la publicidad en los tiempos en los que vivimos.

La verdad es que aquí no se encuentra ni lo uno ni lo otro de manera exclusiva, sino todo lo anterior. La escritura, la teoría, los ensayos, la historia, las imágenes digitales, el estilismo, la promoción.

Pero hay algo nítido a pesar de toda la mezcla y la contradicción. La mayor pasión, el mayor fervor, el auténtico amor aquí es la palabra escrita. El acto, tortuoso y vivificador, de escribir.

La musa es la moda, la estética, el acto de ser mujer, el vestir.

Y el mensaje que sostiene todo transita por los siguientes caminos: divulgar el hecho de que la moda es apariencia pero también cultura. Tendencias pasajeras pero también lemas de feminidad atemporales. Un pasaje hacia el tiempo y sus transformaciones. Una manera de leer la condición humana. Y la convicción de que a través de lo frívolo se puede acceder a lo profundo.

Sinceramente,

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