Café, compras y moda digital con Punto Blanco

by

Vanessa Rosales

Hace unos diez años más o menos el mundo de la moda comenzó a cambiar irreversiblemente cuando se instaló en el aire la posibilidad general que estaban dando entonces las tecnologías digitales.

No tener límites de tiempo y espacio para poder ver la moda global. Estar en contacto, así fuese bidimensional, con las arterias de la alta moda que antes habían estado cerradas – los desfiles, sus tras bambalinas. Y el acceso, inmediato, veloz, constante, de información e imágenes dedicadas a la moda contemporánea.

Desde ese momento, hemos visto una evolución que hoy, para una gran mayoría, es más que familiar, natural, cotidiana – pero que no por ello deja de ser fascinante. Se trata de esa posibilidad de ver y experimentar la moda desde una subjetividad que conoce restricciones. Que a través de un clic, un impulso, un apetito visual, puede acceder virtualmente a cualquier cosa que su apetito de estilo y estética le indique.

Precisamente porque la moda también tiene todo que ver con la subjetividad, también tiene una fuerte conexión con el consumo. Lo que vemos se vuelve objeto de deseo. Y desde hace unas décadas ya que la filiación con ciertos objetos nos permite expresar ciertos componentes de nuestra identidad. De hecho, uno de los grandes atributos de la moda como le conocemos hoy es que abandonó su cualidad de indicadora exclusiva de casta, de clase, para volverse cada vez en un vehículo de identidad y expresión individual.

La velocidad, el exceso de imágenes, su reemplazo constante, todas han potenciado otro apetito: poder comprar con la misma libertad.

Cuando las blogueras de estilo personal se apropiaron de la escena digital, sembraron nuevas posibilidades que hicieron gran eco entre un público cada vez más interesado: poder mezclar cosas de alta moda y moda rápida, por ejemplo, pero también ofrecer a su audiencia la información precisa de dónde provenía la prenda. Al final, una breve descripción se encargaba del inventario del look y con el tiempo, el nombre de cada marca se convirtió en una posibilidad de dar clic, transferirse a otra página, y simplemente comprar la prenda señalada.

Con el tiempo, no sólo la experiencia visual de la moda fue haciéndose más y más digital; también la forma de comprarla. Se hizo material la posibilidad, tan habitual hoy, de comprar sin restricción de tiempo y de espacio, en el place privado del lugar de descanso, sin desplazarse, y obteniendo acceso a marcas familiares y adoradas así como nuevas y lejanas.

Este año, y siguiendo estos ritmos de la moda y el consumo global, Punto Blanco se sumó a la tendencia de permitir que su audiencia tenga la libertad de comprar de manera digital, abriendo en Colombia el portal hacia esta práctica, globalmente consolidada pero aún tímida en el país. Una movida audaz que refleja cómo una marca local se reinventa no sólo a través de sus fórmulas estéticas, sino también a través de las posibilidades que ofrece en el terreno de la experiencia y la subjetividad.

Porque mirar imágenes bellas en pantallas brillantes, porque experimentar la moda tiene todo que ver con el placer también de mirar, Punto Blanco asignó a este paso un nombre conveniente: un momento de placer. Y lo ligó a otro gran placer cotidiano: el café. Así, creó una ecuación entre moda contemporánea, experiencia actual, consumo global, todos mezclados con los pequeños componentes que constituyen nuestra íntima cotidianidad.

12049107_10153284901933867_4841237530066681603_nPunto-Blancovsco-photo-5 vsco-photo-4 vsco-photo-3Cali-Punto-Blancovsco-photo-1 vsco-photo-212239724_554899611328073_8318195434536471809_n

No Comments Yet.

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *