Playing French ~

by

Pinceladas de reflexión sobre la feminidad parisina –

12308605_559218010896233_9144893636566224588_n

Una mujer puede sentir sus ánimos estilísticos salpicados por una corriente de identificación.
Es decir, influenciados por ese corrientazo de deleite y asombro que desciende sobre nosotras cuando nuestra vista captura el vestir de otra mujer que nos parece nos tiende un espejo de nuestras aspiraciones o deseos sartoriales.

El amor personal hacia la estética y el estilo de las parisinas puede ser el fruto de una identificación individual con la simpleza; el don del detalle que en su aparente insignificancia transmite un efecto integral; la audacia de asumir lo masculino como una forma de feminidad energizante; la filosofía latente de que confort y belleza no son una ecuación en disyuntiva. Una identificación que siembra el sentirse alentada a vestirse con esa gracia concisa, que con sus fórmulas establecidas conserva la magia de todo aquello que es cobijado por el rótulo del estilo.

Es decir, lemas que no perecen.
Respuestas en la vestimenta que solventan las contradicciones de lo femenino, las ambigüedades corrientes del ser mujer. Formas de vestir que lo expresan cómodamente.

La magia del contraste. El encanto de la paradoja. La unión armónica de fuerzas contrarias.

El amor personal por el vestir de la parisina – o de sus mitos, fabricados también por ellas mismas – puede ser por hallar en sus fórmulas, sus expresiones, sus principios, una suerte de metáfora de lo que es ser una mujer que navega sus contrastes, que surca los contornos entre naturalidad y artificio, esfuerzo y espontaneidad, neurosis y alegría, suavidad y ferocidad, apariencia y espíritu.

No tags 0

No Comments Yet.

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *