Notas de Estilo con Ragged: Mujeres de Oficina

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Apuntes sobre el vestir en el trabajo.

Vanessa Rosales

 

Todas las mujeres tenemos un poquito de actrices. Cada ocasión, momento y lugar para el cual nos vestimos tiene algo de actuación. Con la ropa medimos, proyectamos, y nos ajustamos a los códigos secretos o explícitos para el escenario hacia donde vamos vestidas.

La noche nos invita a una actuación donde cabe el drama, el brillo, el esplendor. El romance incluye piezas que nos muestran femeninas y atractivas. Pero las mujeres que habitan el mundo de las oficinas tienen un reto de trucos distintos: ceñirse a las reglas del vestir profesional sin dejar de lado sus gustos o sin dejar de ser ellas mismas.

Afortunadamente, vivimos en una época de gran variedad y libertad en el estilo. Pero muchas oficinas invitan a que una mujer tenga un look neutral. Un look que le deje estar activa en la comodidad y que la deje también valerse más por su trabajo que por su pinta.

Una famosa película de los ochenta sobre mujeres en el mundo competitivo de los negocios (que se llama Working Girl) muestra lo poderoso que es el vestir para una mujer cuyo mundo cotidiano es una oficina.

Hay que buscar piezas que no llamen tanto la atención al cuerpo, que comuniquen más actividad y menos vanidad.

Hay que cuidar los largos de las faldas. La soltura de la silueta. Los escotes y los looks muy ceñidos. Hay que verse poderosa, neutra, pero sin dejar de verse chic y femenina.

En los noventa, las mujeres que se sumaron a muchos mundos de negocios que siempre habían sido masculinos hicieron popular un tipo de vestir que se llamó: vestir de poder (power dressing).

Lo común allí: los blazers con corte masculino y las hombreras afiladas. Los trajes con falda en tonos opacos y de mucho gris. Las blusas de seda claras que suavizaban las prendas de sastrería.

Hoy podemos vestirnos con poder sin ser tan masculinas y sin sentirnos aburridas o presas de la rutina.

¿Cómo? Buscando prendas clásicas con tonos más vivos o estampados sofisticados. La falda pitillo puede ser azul profundo o vinotinto (en vez de negra o gris).

La blusa, recatada, y apropiada para las distintas instancias de la oficina, puede tener un detalle (como un volado discreto) y en vez de ser negra, puede ser de lunares.

Un blazer negro, largo, que va hasta debajo de la cadera es una solución fabulosa para una falda pitillo de color o para un look todo negro. Infalible.

Las mujeres que operan en ambientes más creativos y artísticos pueden usar blusas de aire clásico con jeans pitillo y carteras que aporten esa pizca magnética de eclecticismo.

¿De qué se trata finalmente esa actuación de vestir para la mujer que habita una oficina?

La mezcla de poder, confort y feminidad que le permita actuar, ser ella misma, ser mujer, sentirse segura, y tener un estilo donde se encuentra la conquistadora y la esencia femenina.

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