ICONOCLASTS:

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SOBRE LA IMAGEN CON ALMA

El extraordinario Andrés Oyuela, que acaba de instalar su atmósfera creativa en Nueva York, publica en exclusiva esta editorial, luminosa y cinematográfica, en VanessaRosales.com. El estilismo, un compás de texturas y encuentros cromáticos de alegría otoñal, es creación de otro talento colombiano: David Chicaeme. 

  

Vanessa Rosales

 

La moda es inseparable de las imágenes. Ella misma es imagen. Pero sus variantes visuales comparten una de las características que cimientan la lógica misma de la moda: se trata de un abanico de posibilidades. Imagen de moda puede ser, por ejemplo, la modelo que se contonea con certera consciencia de su don en la pasarela. Puede ser la imagen de un cuerpo vestido que nos devuelve nuestro propio reflejo. Lo que alberga, como presa en ofrenda, el vidrio seductor de una vitrina urbana. Puede ser la mujer que pasa cerca de nosotros, en una acera, deliciosamente vestida, y que retiene, por una brevedad significativa, nuestra mirada. O la página rutilante de la revista, que con sus mujeres espigadas y fastuosas, cortan el aliento del observador que siente mecer dentro de sí los mecanismos de la ensoñación y el deseo. Puede ser la visión plana, bidimensional y lustrosa que aparece en una pantalla. O la instantánea digital que se esfuma al ritmo de un espabilo. La escena inamovible en la que un vestido sobrepasó el dominio mismo de la narrativa en una película.

Y sin embargo, pese a todas sus corrientes, pese a una variedad afectada cada vez más por un mundo que opera visualmente a través de las tecnologías digitales y que se caracteriza, por ende, por la sobredosis y la saturación de imágenes, la fotografía de moda sigue siendo un terreno macizo en la representación de moda. Durante años, fue incluso la gran soberana, el corazón de un contexto donde las grandes y únicas intérpretes de moda eran las grandes revistas.

Sobra decir que esa institución, antes autoritaria, se ha visto ante la ineludible circunstancia de tener que compartir su reino visual con el abanico de variantes que hoy componen las imágenes de moda. Pero hay algo cierto: si bien la primera oleada de blogs y sus mujeres, de intérpretes de la democracia digital, tuvieron como gran característica señalar que las revistas y la fotografía lustrosa de moda estaba llamada a adaptarse a las nuevas representaciones, todos ellos terminaron por tomar elementos de la fotografía de moda clásica. Las blogueras, que eran mujeres anónimos que resaltaban por su sentido de mortalidad y realismo, han terminado por construir imaginerías digitales que tienen cada vez más empatía con la cualidad ensoñadora de la fotografía de moda tradicional.

Ahora, existen dos hechos imprescindibles a la hora de tantear el mundo de las imágenes de moda actual. Por un lado, vivimos rodeadas de ellas, nos acompañan a donde vamos, están al alcance de nuestros bolsillos y carteras. Se esfuman con una velocidad de vértigo. Crean un sentido de temporalidad que parece excluir la sensación de un pasado y un futuro – nos sumergen en una moda que existe en una especie de eterno presente, donde lo nuevo – el máximo ideal de la moda – está sucediendo a cada instante.

Y por otro lado, al ser tan omnipresentes, tan ubicuas, al ser tan accesibles y reemplazarse unas con otras de manera tan rápida, al ser parte de una democracia donde cualquiera pueda producir e interpretarlas, son reflejo de un contexto donde el símbolo, la imagen, se han convertido en el contenido mismo. Donde la imagen parece carecer alma.

Estamos tan habituados a imágenes calculadas, lustrosas, compuestas, bellas en apariencia, cargadas de superficies atractivas, que es escaso experimentar una imagen con asombro, difícil palpar en una imagen algo más que eso: un componente de formas. En la fotografía de moda contemporánea, que compite con todos los subgéneros de lo digital, esto se hace agudamente palpable. Se encuentra la mirada ante un paisaje dominado por imágenes robóticas, modelos vestidas de moda extrema, imágenes autómatas.

¿Cómo redibujar la esencia en la imagen? ¿Cómo restituirle el alma a la representación visual, hoy tan ubicua, tan manoseada, tan carente de sustancia?

Para entender eso, hay que preguntarse, ¿qué hace la fotografía de moda? ¿Qué capta? ¿Qué representa? ¿Salir vestida de Dior a comprar un pan es real? Pero, ¿la fotografía de moda debe ser real? ¿O debe ser una fantasía, una ensoñación, una carnada para suscitar deseos? Tal vez en otros momentos, la fotografía de moda reflejaba precisamente un momento donde la moda era de pocos, una aspiración, una máquina de sueños, de aspiraciones distantes.

Hoy, la fotografía de moda es parte de un engranaje de representaciones visuales veloces, democráticas, que están en ninguna y en todas partes. Se alimenta del llamado Street style, de los lemas que han reformateado los mismos blogs, de la subjetividad que ha creado Instagram y el paisaje digital en general.

Las imágenes que siguen luego de estas palabras, tienen como musa redibujar a la fotografía una sustancia muy parecida a lo que llamamos alma. Una cualidad palpable, pero difícil de explicar, que nos genera algo que poco suscitan las imágenes de hoy: sentimientos, profundidad. La obra es del joven que ha sacudido la representación visual de su país.

*

Andrés Oyuela es el fotógrafo que ha traído nueva luz – literal y simbólicamente – a la imaginería de moda de Colombia. Las imágenes, recordemos, ayudan a reforzar el sentido de comunidad de un lugar, contribuyen a reforzar la identidad colectiva. Y lo hacen estableciendo unas referencias con las cuales una comunidad se identifica, se relaciona, emula, calca, sigue y valora como ideal estético. Oyuela tuvo la perspicacia de leer y comprender que en Colombia, la mayoría de las mujeres no digieren – ni tienen por qué – los códigos que les ofrece a la mirada una Vogue, por ejemplo. ¿Cómo, entonces, ser un puente de traducción? ¿Cómo crear imágenes que combinaran Moda (con m mayúscula) con un lenguaje común?

La respuesta tiene como forma su ya conocido método de haber trazado una nueva imaginería en Colombia: usando de iconos de la cultura popular colombiana, presentados y estetizados de manera distinta, más limpia, acogiendo los códigos de un chic global, bajo una luz depurada, con estilismos lustrosos y cargados de conocimiento. El frenesí que generó en Colombia condujo a que, como todo visionario, Oyuela cerrara el capítulo de lo que reconocía ya había materializado algo concreto.

Ahora, desde Nueva York, donde de seguro su imaginería propiciará frenesí en los lugares más encumbrados, Oyuela se une en este ensayo visual a David Chicaeme – cuyas fórmulas de estilismo están dotadas de ese don que tienen los que se dedican a este oficio por crear alquimias y bricolajes de estéticas y tiempos.

Aquí y ahora, el resultado es Iconoclasts, esta deslumbrante editorial que traza una fotografía de moda sintonizada con su momento: nutrida de un sentido de realismo inevitable, alentada por lo digital, un híbrido de artificio y espontaneidad; una fotografía de moda enfocada en materializar a una mujer de estilo pero de sustancia, que se enfrenta a las calles, que es hipermoderna, que posee sentimientos de mujer de su tiempo, que conjuga apariencia con espíritu.

La representación es una orquesta visual de otoño festivo, de alegría urbana, de compases donde la textura es el centro del eclecticismo inevitable que refleja el contexto de moda actual. Una colección animada por algo extraño, escaso, refrescante: una sustancia tan inefable, pero tan palpable, que su observador experimentará, de seguro, un borboteo de sentimientos.

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Photographed by Andrés Oyuela
Styled by David Chicaeme
Make up & Hairstyle by Olivia Velásquez
Models: Zazoe L, Loris K, Daphne B.
Agency: Wilhelmina NY
Photo Assistant: Luis Martín
Stylist Assistant: Natalia Cortés
Make up & Hairstylist Assistant: Camila Cortés

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