Comprar en la Era Digital

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Digital* Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

Moda y tiempo son dos temas que siempre están entretejidos. La moda es una promesa de futuro. Hasta hace unas décadas, una tendencia se quedaba entre nosotras hasta seis meses. El sistema de pasarelas se concibe con base a otro gran indicador de tiempo, las estaciones. Y además, se dice que la moda es cíclica, es decir, que para poder reemplazar su capacidad de ser siempre novedosa, se ha convertido en un gran reciclaje de su pasado, de sí misma. Hoy, grandes diseñadores (como Raf Simons, de la mítica casa Dior o Alber Elbaz de Lanvin) están desistiendo de sus labores porque, dicen, la velocidad de la moda impide la calidad del acto creativo.

Conectada con el tiempo, la moda ha conocido nuevos niveles con ese vínculo. Porque ella inunda uno de los sistemas que más tienen que ver con el tiempo en el mundo en el que vivimos: la tecnología. La moda es musa favorita de blogs, portales, intérpretes digitales, medios virtuales, cuentas de Instagram.

Además, si la moda tiene todo que ver con el tiempo también es cierto que también tiene fuerte conexión con dos cosas más: el consumo y el acto de mirar. Con sus bellezas, renovadas cada ciclo, la moda promete una nueva energía en nuestras vidas. Y este ha sido uno de sus grandes principios desde sus propios inicios: moda también es ver cosas bellas y tener la libertad adquisitiva de poseerlas.

Hace más de un siglo, la moda se volvió una gran carnada visual en las tiendas de departamento que se instalaron en ciudades como Nueva York y París. Se trataba de una modalidad comercial que reemplazaba el bazar, externo y donde las personas podían tocar y oler los objetos para comprar, para volverse en una estructura magnífica, donde todo tipo de personas podían entrar a ver, más no siempre a comprar.

Con las tiendas de departamento llegó, además, otro formato que se mantiene vigente en nuestros días: las vitrinas, desde cuya transparencia inalcanzable podemos ver cosas bellas que evocan nuestro deseo y fantasía.

Con el tiempo, la conexión entre moda y tiempo se hizo mucho más intensa. Y efectivamente, la moda se volvió mucho más veloz. Salió de las pasarelas y las boutiques para instalarse en pantallas planas, impulsadas por un gran sistema global llamado Internet. En ese orden se volvió crecientemente popular y mucho más visual que nunca. Algunos críticos han dicho que abandonó incluso el plano físico para volverse mucho una ilusión bidimensional.

Y en ese paisaje surgió otra posibilidad: poder comprar con un clic, desde casa, desde lejos, sin limitación de espacio. Una realidad que se dio para responder a un mundo donde la moda circulaba de manera más rápida, una respuesta a una consumidora mucho más impaciente, más familiarizada con la velocidad.

Y una manera de reemplazar lo que había sido en su época el bazar y luego las tiendas de departamento con sus fastuosas y ensoñadoras vitrinas. Las vitrinas actuales son nuestras pantallas digitales y están siendo renovadas de manera instantánea y continua, ofreciéndonos promesas de objetos bellos que podemos comprar.

La velocidad de la moda a nivel visual alcanzó los ritmos a la hora de poder comprar. Desde mediados de los 00, las blogueras consignaban al final de sus entradas de dónde provenían sus bellos ítems. Con el tiempo se volvió posible dar clic y aterrizar directamente al sitio, poder comprar la prenda misma.

Hoy, un toquecito doble en Instagram nos permite también saber de dónde es la ropa que se nos antoja deseable y exquisita. Y existen plataformas extraordinarias como LikeToKnowIt: te suscribes, das like a una foto en Instagram y en minutos recibes en tu correo los ítems de tu interés. Podrás comprar los mismos o versiones muy parecidas.

Pero todo esto significa algo más. Y es que muchas más personas están acostumbradas a comprar por impulso visual, sin tocar, sentir o medirse el objeto de su deseo. Para muchas, esto todavía es un acto difícil, un riesgo que no se sienten certeras de tomar.

Con frecuencia, la moda nos da fuertes pistas sobre la cultura en la que vivimos. La posibilidad de comprar en línea habla de una moda veloz, ultra-visual y digital

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