Vestir

by

12079435_10153302746383867_8931001933763200834_n

El asunto con el vestir es que implica casi siempre una audiencia. El ser humano se viste, en principio, para inhibir la desnudez, un estado que es socialmente prohibido. Pero somos también seres de significados y símbolos – y el vestir es una suma de códigos silenciosos; ambiguos, pero visibles.

Cuando esa audiencia es una masa anónima de individuos, habituados al volumen, la gran variedad, la cantidad abrumadora de otros estilos de ornamentarse, y el hecho de que la ropa puede o no ser un índice social y económico, el vestir de una mujer puede ser más desinhibido. Pero desinhibido no es ni implica que sea más expuesto o sensualista, sino dotado de una sensación de mayor posibilidad, de ser más libre con las opciones que se tienen ante sí. De sentir confort con la osadía, de saber que habrán miradas pero que esos ojos no se detienen largamente, que la audiencia puede observarla de manera efímera o no verla entre tanta multitud que hay a la vista.

Un caso distinto es cuando la audiencia incluye esas estelas del machismo cultural donde la mirada masculina puede ser invasiva, agresivamente lujuriosa, donde ambas cosas son convencionales en el escenario urbano, y una mujer o una persona sienten de manera inevitable un sentido de restricción silenciosa en su vestir. Cuando esa audiencia además, está ubicada en un país donde las diferencias se marcan aún bastante a través de la ropa, la mirada de la audiencia también es inevitablemente distinta. Y esos ojos potenciales, esas miradas posibles, trepan de manera invisible al ánimo del vestir de alguien.

El caso preciso: estas botas en largas caminatas neoyorquinas vs en andanzas posibles en Bogotá ~

No tags 0

No Comments Yet.

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *