Sobre la homogeneidad en la moda actual ~

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¿Qué sucede cuando la moda se hace tan accesible a través de imágenes digitales?
Por un lado, el apetito por participar en ese universo de posibilidades aumenta de manera general. Muchas más mujeres, muchas más personas, al poder ver tantas imágenes, se ven influenciadas e inspiradas para sintonizar su vestir con lo que ven en esas imágenes constantes, siempre en reemplazo, abundantes.

Uno de los efectos de esto se siente, por ejemplo, en las tiendas neoyorquinas, en un escenario donde las más distintas marcas comienzan a ofrecer posibilidades tremendamente similares entre sí. Varía la calidad y el precio, claro está, pero el observador encuentra lo mismo a grandes rasgos.
La estética urbana se ha inclinado por una simpleza que tiene matices de lo emblemáticamente parisino y neoyorquino por ejemplo. Jeans gastados y seductores por sus deslavados; camisetas ultra-simples, combinables con abrigos de volumen o botas que tienen un ligero filo rocanrolero. Que las imágenes sean las mismas, para tantas mujeres, en tantas latitudes geográficas, hace que en Nueva York, San Petersburgo y Varsovia, las estéticas sean sorprendentemente similares.

El efecto es de homogeneidad general. Las tiendas se parecen entre ellas. El vestir en la calle es similar entre muchos tipos de mujeres. Hay un fuerte sentido de uniformidad. Y eso, en gran medida, es un efecto de que las imágenes de inspiración y referencia sean en gran medida las mismas. También de que las cadenas de moda rápida disparen esa uniformidad. Pero también que otras marcas, antes conocidas por estéticas más clásicas, se sumen a competir, a participar en ese esquema de similitud general.

Y en ese paisaje, de similitud y homogeneidad, se puede una mujer preguntar qué es unicidad, qué es estilo a nivel individual –

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