Notas de Estilo con Ragged: Little Black Dress

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Apuntes sobre una de las piezas más eternas y siempre relevantes en la historia del estilo.

Vanessa Rosales

Un vestidito negro, más que una prenda, es un conducto, un camino de conexión. ¿Con qué? Con instantes imborrables en la historia del estilo. Es como un puente, poderoso e invisible, hacia momentos precisos de visiones que cambiaron todo – como cuando Chanel vio que la simpleza permitía poder ver a una mujer más allá de su ropa o lo que tuviese puesto.

Visto así, un vestidito negro también es como un símbolo. De cómo se modernizó el vestir femenino. De aquello que muchas veces se llama estilo – es decir, aquello que está más allá del tiempo, sus cambios y sus caprichos. Un símbolo de algo que es más sólido, más duradero y que en el mundo del vestir implica un acierto indiscutible.

Puede ser una prueba de una pasión por lo simple – entendiendo lo simple como algo que puede expresar sofisticación de una manera más directa.

¿Qué es sofisticación exactamente? Es confort en los movimientos. Es estar vestida con una gracia que no se ve aparatosa, que no está impedida por el esfuerzo. Y es, sobre todo, ser quien se es. Actuar conforme a la mujer que llevamos dentro.

Si un vestidito negro permite resaltar a la mujer y no lo que lleva puesto es porque es como un lienzo oscuro, un fondo desde brota esa mujer. En la oscuridad simple, brilla su temperamento. En los complementos que van con un vestidito negro, se revela algo sobre su ser.

Los hombres tienen el traje – una pieza que los lleva de la noche a la mañana, con la cual navegan por las situaciones más distintas. Un gran muestra del vestir funcional, directo, moderno. El vestidito negro tiene una cualidad similar. Una mujer puede ir con él, certera, en situaciones de día, al caer la tarde, cuando se espera de ella formalidad, cuando no quiere pensar largamente en qué ponerse, cuando quiere acertar, sentir confianza.

Visto así, un vestidito negro también es un regalo. Una forma que tiene una mujer de sentir certeza al vestirse. De saber que puede hacerse honor a sí misma a través de una elegancia que va más allá del tiempo, que es simple, y que la conecta, sin mucho esfuerzo, con lo fascinantemente duradero del estilo.

 

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