Escribir sobre moda

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Escribir sobre moda significa muchas veces escribir sobre el tiempo. La moda tiene gran conexión con la temporalidad.

Por un lado, porque su lógica como sistema tiene todo que ver con la búsqueda de la novedad, es decir, con el avance hacia el futuro.

Los ciclos son vitales a las dinámicas de la moda. Los circuitos bianuales de pasarelas son, en esencia, los grandes marcadores de tiempo del sistema: otoño/invierno, primavera/verano. En su aspecto más literal, una estación es justo eso: un índice de temporalidad, un cambio de ciclo atmosférico, cromático y también emocional.

Esos ciclos, que durante décadas tenían una duración aproximada de seis meses, se han acortado significativamente. Las dos grandes temporadas se acompañan hoy de las colecciones intermedias – Resort y Pre-Fall -; y un hecho que resalta en nuestro tiempo: la moda ya no tiene como principio la novedad y el reemplazo sino la acumulación de muchos estilos, la mayoría con gran validez contemporánea.
Las redes y blogosfera también tienen en su corazón el tema del tiempo. Cambian casi que cuando espabilamos. Reflejan la velocidad de la moda hipermoderna.

Pero la moda también es una fuerza que moldea y refleja el tiempo. Si miramos en sus fotografías del pasado, podemos más o menos adivinar la época por las estéticas de las personas en la imagen.

Escribir sobre moda puede ser también justo eso: hacer contacto con las distintas expresiones que tiene el tiempo, y con mucha frecuencia asomarse a su pasado, seguir sus hilos, detectar sus constantes, viajar por sus contrastes, toparse con similitudes deslumbrantes, observar las constancias y transformaciones de la condición humana y así, ubicarse – para transferirlo a la pluma – en su presente.

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