Confesiones de Vestir

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Eran vintage, eran Go-Go boots, pieza única y no había mi talla. :'( – Pero conversemos sobre el pitón, un estampado animal que ahora es ubicuo y por ende, tendencia. Las tendencias, sabemos, pueden o no despertar nuestro apetito. En tiendas más regulares, como Mango, Aldo y Topshop también las busqué. Tengo un par que algunas de ustedes seguro han visto en estas postales digitales que aquí se acumulan. Son una pieza amada personal, y una adquisición certera que hice en Praga el año pasado. He cazado una nueva versión de la pieza al comprender que el pitón tiene un efecto en mí.

Pero en esta búsqueda, comprendí también que la literalidad del pitón – es decir, como éstas, en versión serpiente tan explicita – es para mí un poco explícita. Aprecio más la versión en gris. (Isabel Marant tiene unas de ensueño y precio elevadísimo que sacuden mi apetito mayor). Pero el pitón, como el leopardo, por ejemplo, que destilan cierta animalidad y cierto garbo rocanrolero, tienen siempre esa cualidad ambigua: de ser una pizca de mal gusto, de ser audaz y feroz, de ser trendy y convencido.
En mi temperamento estilístico, el pitón tiene un afecto magnético. Se repite sin darme cuenta. Y es como un toque repentino de ruptura, una pausa de la simplicidad, un detalle de riesgo. Lo prefiero, sin embargo, en negro, o gris.

Interesante considerar los efectos de un elemento tan notorio en las decisiones estilísticas que hacemos como mujeres.

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