Urban Flamenco

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rojo


Porque es un acto en principio físico, vestirse implica conectarse también con temas tan elementales como los cuerpos y sus formas, las temperaturas y variedades del clima, los colores y sus matices.

El color es uno de esos temas tan habituales y tan visibles en toda acción de vestirse que a veces la costumbre nos desdibuja el contacto con sus efectos y significados. Nos habituamos a la idea del color como algo siempre presente y perdemos de vista la mutable naturaleza que ha podido tener un tono específico a través del tiempo, así como los efectos tan precisos que puede haber sobre una mujer cuando realiza una elección en términos de colorido.

Si el mundo de la moda es, entre muchas cosas, un compendio de ideas que cambian según tiempo y espacio, una de las variables que más aplican a esta idea es precisamente el color. Negro puede ser luto, austeridad, dramatismo o una forma radical de ser elegante o chic. (En el siglo XIX, un pintor impresionista declaró, al estudiar precisamente el arte de la elegancia femenina y parisina de la París del momento, que era esta tonalidad – la ausencia radical – la reina de todos los colores). Rojo puede ser lujuria, pasión, terrenos prohibidos, símbolos de mujeres de poca reputación, una forma de poder, un emblema de villana o, por el contrario, de mujer cuya confianza en sí misma le permite, al vestirse, la certeza de invitar a los otros a que la miren. 
El rojo es una encandilada aparición que recibe, con frecuencia, advertencias en psicología cromática. (Evadirlo, por ejemplo, en lugares que nos requieran serenos para concentración o, por contraste, como impulso inconsciente de lujuria y pasión). En el vestir, sin embargo, el rojo bien puede ser el color más conspicuo de todos.

Blusa de la más reciente colección de @azuluoficial – una oda al flamenco pasional y femenino.

Foto: @thelessismore_

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