Un lema de estilo:

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Mostrar las piernas en Bogotá

Un sí? Un no?

Un desafío audaz? Un desacierto desconectado con el contexto en cuestión?

Se puede hablar hoy de aciertos y desaciertos en un modo tan polarizado? Dónde está el límite entre el prisma subjetivo y lo que es, en teoría, correcto a la hora de estilizar el cuerpo y el ánimo?

Cuando un lugar posee un temperamento climático tan peculiar, despojado de la precisión de las estaciones y sus indicios, qué sucede con las posibilidades que ofrece para vestirse? Vale la pena recordar que sobre los ejes de las estaciones se ha sostenido durante décadas la lógica misma de la moda y su temporalidad. Dos grandes momentos: primavera/verano, otoño/invierno.
Todos los cambios desde la posmodernidad, en términos de producción, de acceso gracias a las imágenes digitales, de las impaciencias subjetivas que esto ha generado y hasta los cambios notorios del clima global han hecho, por ejemplo, que las colecciones Cruise y Resort, ese intermedio temporal y comercial, estén entre las más exitosas de la actualidad. Con ese hecho, lo que quiero brindar es un indicio de cómo la hibridez de nuestro tiempo hace más complejo trazar premisas tan precisas o totales.

Digamos, por ejemplo, el hastío que puede sembrar en un individuo la impredecible volatilidad climática de una ciudad. Y un día, acaso, se deja seducir por esa cualidad intermedia. Y conjuga en un ensamble piezas pensadas para la frialdad templada otoñal, y deja asomar las piernas como un indicio de que no es este un frío absoluto o abrasador. Bogotá es casi siempre un intermedio, con días en que su balanza se polariza con radicalidad – un sol ardiente y elevado, o un frío húmedo y opaco, alentado por el viento.
Más allá del clima, un hecho primordial que marca nuestras pautas de estilismo básico, hay algo más: la mirada colectiva a la cual una persona se ofenda cuando se viste. Algún segmento de esa mirada observa con juicio las piernas descubiertas; otra parte, motivada por el estilo global, la flexibilidad de normas o códigos acoge a quien, en ciertos momentos, descubre las piernas en una ciudad que nunca es otoño, ni tampoco primavera.

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