Otoño

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El otoño en Colombia no existe, pero en la psicología del vestir la necesidad de evocar su existencia se hace sentir.
Es el fruto ineludible del hastío que desciende sobre nosotros cuando nuestro armario se ha repetido en nuestro cuerpo y reflejo bajo los impulsos de un ciclo. La repetición va sembrando estelas, en nuestras imágenes, nuestro vestir y en las sensaciones que brotan ante nuestra ropa, ya marchita por uso y no por calidad extinguida.

Entonces también, las imágenes digitales, las informaciones de moda nos van indicando que en otras latitudes las estaciones, más precisas que aquí, comienzan a sentirse de manera más tangibles. Y los ánimos colectivos de vestimenta van cambiando. Las imágenes que circulan ante nosotros nos van desconectando también de las prendas que, meses atrás, fueron frescas, haciéndonos sentir ávidas y renovadas.

El ánimo colorido bien puede que cambie. Comienza a hacerse natural que añoremos un poco más de lo que se ha dictaminado seis meses atrás – que hoy ya viene tejiéndose sutilmente en prácticas sartoriales. Queremos el otoño, con sus nuevos decretos – que en este momento recogen fragmentos del furor bohemio, terrenal, setentero y orgánico del verano.

Comienza el otoño psicológico para las mujeres en Colombia que añoran renovación en su vestir.

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