La Moda y la Identidad

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Hay algo sobre la moda que siempre es fascinante: su lógica esencial está basada en la novedad, en el cambio y, sin embargo, hay lemas en ella increíblemente persistentes y perdurables.

Cuando la moda pasó por la mirada de ciertos filósofos – como Kant – aquellos patriarcas del pensamiento se sorprendieron porque la moda no era un sistema que buscaba perfeccionarse, sino renovarse, con un apetito infinito.

Uno de esos lemas, que persiste siempre, y a pesar de todos sus cambios, es el péndulo entre la individualidad y el conformismo.

Años, muchos años atrás, Simmel, uno de los primeros intelectuales en reflexionar sobre la moda, selló una gran verdad sobre lo que implica participar en ella: un individuo se mece siempre y de manera simultánea entre distinguirse y pertenecer.

La criatura <fashionable> siempre está motivada por una contradicción: si sigue demasiado bien la moda no será del todo fashionable. Algo de su estela personal debe imprimir en lo que ordena el esquema de vestir de su alrededor.
La moda, como escribió Lars Svendsen, es como un interludio – un terreno para el individuo y el conformista.
Para que haya individualidad debes ir en contra de cierto conformismo. La moda, entonces, es un compromiso entre ambas, una negociación entre separarse y declararse parte de ella.

Si eres demasiado individual, se pierde fuerza, y la moda pierde vitalidad. Pero en esta época, es cada vez más difícil distinguir qué significa exactamente “individualidad”, porque las variaciones de algo parecen ser infinitas, incobrables.

Por qué este tema – el péndulo entre ser individuo y conformarse a través de la moda – con esta imagen?

Porque el top Tulum es el epicentro del ensamble.
Quienes lo conocen saben que hoy, en él se cruzan ambos lemas –

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