Hablemos sobre Christian Dior

by

11223702_10153234832888867_8156797160236162907_n

Digamos sobre él que se apoderó de la escena de la alta moda de la posguerra. Digamos que su boutique en la Avenue Montaigne, en París, destila un aura mística donde se concentra, como habita la concentración liquida en un perfume, la belleza. Pero una belleza peculiar. De cierto tiempo. Y que reflejaba ciertos ideales de un momento particular.

Digamos que a través de él podemos ver cómo todo ideal de estética es fruto de un tiempo y nunca perfecto ni libre de complejas ambivalencias.
El extinto mundo de Dior era ese en el que moda era sinónimo único de Alta Costura. Los desfiles se hacían a puertas cerradas, privadamente, con señoritas de distintos tipos y tamaños que caminaban lento mientras una voz narraba lo que modelaban frente a editoras y clientela.
Cuando Dior irrumpió en la escena como maestro couturier, la Segunda Guerra aún estaba fresca. Los años bélicos implicaron escasez – en alimentos y en telas -, trajeron austeridad en el vestir, incentivaron a que muchas mujeres, frente a la ausencia de los hombres, asumieran roles tradicionalmente masculinos y prendas convencionalmente reservadas para ellos.

Con Dior, todo ese utilitarismo empoderador se disolvió y el credo de la alta moda se volcó a una forma de vestir suntuosa, cargada de textil, material y telas, que a pesar de su innegable y ensoñadora belleza, inmovilizaba también a la mujer. Otras couturiers y las feministas del momento recibieron el cambio con indignación, leyéndolo como un retroceso: después de que las mujeres habían liberado sus siluetas, después de que habían traspasado el armario de los hombres acogiendo parte de su confort, Dior las devolvía a un look similar al corset, con cinturas apretadas, faldas pesadas, zapatos altos y carteras pequeñas. Ropa que en, últimas, no servía para la vida activa y moderna.

A través de Dior se puede leer un ejemplo preciso para aquellos que idealizan el pasado como más elegante o más glamoroso. Sin duda Dior creó una estética por esas líneas, pero una estética que sacrificaba movilidad y destreza para el movimiento. Toda moda combina matices, ambigüedad inescapable y contexto.

No tags 0

No Comments Yet.

What do you think?

Your email address will not be published. Required fields are marked *