Especial de Revista Semana sobre Cartagena

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Un segundo fragmento de mi columna sobre ‪#‎moda‬ para el especial de Revista Semana sobre Cartagena:

Existe un hecho sobre Cartagena, tan básico, que en mi prisma siempre ha explicado el por qué su vestir local despliega ciertas características: es ella, como dijo Héctor Rojas Herazo, una gran señora del Caribe, una dama antigua, de estirpe colonial. Esa disposición – impregnada de catolicismo rancio, fortalecida por pasmosas jerarquías sociales, atada a feroces distinciones raciales y arrullada por una energía de vigilancia moral – explican, tal vez, el conservatismo que despliega el cartagenero al vestirse.
Por un lado, las castas altas. Los hombres adoran los pantalones de color habano y las camisas Polo (este último, un destello de las cercanía geográfica y cultural con los Estados Unidos). Un uniforme que materializa la convicción común – y machista – de que masculinidad y cultivación estética no compaginan. En ocasiones, las mujeres emulan este atuendo de manera casi exacta. Se ven las “bermudas” de lino, las camisas fluidas, los pantalones con corte ligero de palazzo, la conjugación frecuente de blanco y kaki – y siempre, no importa la edad, un leve aire señorial en la mujer vestida.
En parte, la estructura psíquica colonial de Cartagena de Indias ha creado también fuertes patrones de comportamiento tribal, de identidades que se homogeneizan con facilidad. Tanto a nivel estético como social. Y la mujer cartagenera parece vestirse, con frecuencia, para crear compatibilidad con esa energía, tan cartagenera también, de quietud y de estela señorial.
El señor cartagenero usa guayabera blanca como evocando el fantasma de Florentino Ariza, porque el Caribe, seamos francos, incita al blanco – esa ausencia de color que otorga la ilusión de frescor. No en vano – y con disculpas de los colombianos del interior – el cachaco crea grandes manchas blancas con sus fiestas de página sociedad, con sus cenas etílicas en La Vitrola, con sus cócteles de temporada de fin de año y con sus asistencias a los festivales que maximizan la población del centro amurallado los primeros días del mes de enero con sus brisas. 

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