Colombian Chic

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Que en Colombia muchos de los performances de vestir más bellos e interesantes sean cada vez más de autoría colombiana es espejo de cómo en Colombia la moda está cristalizando otros hechos sobre la cultura y la sociedad colombiana.

Por un lado, eso demuestra una vez más que la ropa, el vestir, el estilo y la moda son símbolos de cosas más intangibles pero profundamente poderosas. Y también es demostración de cómo ha cambiado un país que se arremolinaba entre las sombras del crimen y la violencia. No porque los malestares colombianos hayan desaparecido, no porque sea este hoy un país perfecto. Sino porque demuestra cómo, desde 2002, las oleadas de inversión extranjera y las transformaciones de la imagen del país en el esquema global comenzaron a asentar el terreno para que se manifestaran los frutos de este momento.

Para que volvieran muchas personas que se habían ido del país, a formarse por fuera, y que al regresar trajeran consigo conocimientos conectados con el actual fervor por las industrias de la creatividad; conocimientos que antes ni siquiera existían en nuestro país. Hoy, esto está creando el nacimiento de nuevas vanguardias y la presencia de una generación colombiana que, alimentando los formatos de la tradición, está inventándose una atmósfera estimulante y aún en plena evolución.

Y esta atmósfera, de festín sartorial, de performance calculado, tiene esa corriente eléctrica que actualmente impulsa a la moda colombiana: el hecho latente de que existe hoy una apreciación y un afecto por aquello que es nuestro, colombiano y local. Y eso, a nivel estético, también es vibrante, hipermoderno y cargado del estilo que vemos en la escena global. Tal vez esa corriente eléctrica sea una emoción colectiva, tangible en lo material pero marcada por una noción invisible: un sentido de amor por aquello está buscando formas de expresar nuestra identidad.

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