Zapatos: Cacería Visual

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La relación entre las mujeres y los zapatos tiene tanto de ficción como de realidad innegable. Ha sido explotada fantasiosamente por series icónicas como Sex and the City (ninguna columnista de periódico podría costear no uno sino varios zapatos de cuatrocientos dólares al mes); ha sido explorada por historiadoras de moda prestigiosas como Valerie Steele; y algunos pensadores del tipo de Freud se han lanzado en teorías que relacionan los zapatos femeninos con temas de erotismo.

En la imaginación colectiva que tejen los mitos de la moda, los zapatos tienen hasta dones terapéuticos – y en teoría, toda mujer se siente instantáneamente renovada y hasta aliviada de un mal del alma si adquiere un par nuevo. Y algunas frases, que circulan rápidamente por los circuitos de la red – “dale a una chica los zapatos correctos y conquistará el mundo” – confirman esa relación llena de matices e hilos finos entre zapatos y mujeres.

Pero la frase más bella y la más cierta que se ha pronunciado sobre zapatos y mujeres la expresó precisamente Roger Vivier. Es algo muy misterioso,” dijo Vivier. “Los zapatos son de alguna manera muy terrenales. Son la parte de nosotros que toca el suelo. Y sin embargo, al cambiar el balance en una mujer, la forma cómo se para, pueden cambiar su estado mental, su espíritu, su alma.” En ese sentido, Vivier era un hondo conocedor del alma femenina. Supo construir soportes de complejidades sutiles que casaban función con belleza. Creó siluetas que trascendieron su nombre y las décadas, instalándose en la vida diaria de las mujeres modernas. Creó esculturas fantasiosas con el sello de su creatividad: elegancia francesa con una pizca de locura. Y sobre todo, entendió bien que para las mujeres, las cosas materiales, los ornamentos del estilo, las piezas de moda y las cosas que van al cuerpo, siempre nos afectan el alma o el mundo interno.

Fotografía: Daniel Díaz Cuervo

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