Prestando ropa del armario de los chicos

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* Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

Con mucha frecuencia, la palabra moda traduce, casi de inmediato, a una relación con el mundo de lo femenino. Si bien es cierto que la moda se ha vuelto una fuerza definitiva tanto para la identidad de mujeres y hombres modernos, la historia muestra que la moda se asocia casi por instinto a las primeras.

¿Por qué? Porque la historia muestra también que las mujeres han gozado de una inmensa variedad en formas, siluetas y estilos.

Una mirada muy superficial a los archivos de su historia revela que las mujeres han dado la bienvenida a todo tipo de experimentos estéticos. La historia de la moda femenina es, desde lejos, un recorrido de variaciones que tiene como hilo conductor justo eso: la variedad.

El vestir de los hombres, en cambio, juega de otra manera. En el siglo XVII, por ejemplo, los hombres también usaban pelucas blancas, cosmética, ropas aparatosas y hasta tacones. Pero desde hace doscientos años, con la llegada del traje, el vestir masculino parece haberse detenido, como si hubiese alcanzado un estado ideal del cual no quiso nunca devolverse.

El corazón de ese vestir ha sido desde entonces el traje, al cual le siguen sus derivados: todo aquello relacionado al deporte, la guerra y el trabajo. Con variaciones sutiles, el traje lleva dos siglos casi intacto. ¿Hay algo en el vestir de las mujeres que tenga tanto tiempo sin haber variado?

Curiosamente, las mujeres, que sin duda sí han gozado de mucha más variedad en las posibilidades al vestirse, son las que con frecuencia sacan, prestan, roban o usan cosas del vestir masculino. Y no lo contrario. Durante siglos, las mujeres están usando el vestir masculino – que no varía tanto – para inventarse fórmulas modernas, confortables, empoderadoras e interesantes.

Entre los hechizos que circulan la leyenda de Coco Chanel está ese tema siempre presente: que Chanel logró darle a las mujeres más libertad de movimiento, más gracia confortable, más poder, precisamente porque prestó cosas del armario de los hombres que estuvieron en su vida.

Tal vez por eso no es casualidad que en los códigos de lo parisino chic casi siempre haya un elemento masculino. Porque, finalmente, lo masculino logra acentuar los rastros de una mujer. Es como un canal que permite verla bajo el contraste, revelándola en su esencia, distinta a lo filoso de lo masculino, redonda y delicada.

Pero si se piensa, es justo ese contraste lo que ha fabricado también uno de los grandes componentes de lo chic entre las francesas. Una gabardina, una camisa blanca ultra clásica, un blazer negro, una camisa de rayas marinera, una chaqueta de cuero motociclista, unos pantalones con impecable sastrería – todos hunden raíces en el armario de los hombres.

Interpretados, estilizados y usados en cuerpos femeninos, cobran una fuerza distinta; le conceden a la mujer la auto-posesión, la gracia moderna y la habilidad para moverse con determinación y comodidad que ha definido el vestir de ellos. Pero el contraste le da otra luz, otra perspectiva, una cualidad de poder que es delicado también.

Apropiarse de ciertas cosas del armario masculino ha ampliado las posibilidades de estilo para las mujeres. Pero también les ha dado la posibilidad de sentirse aún más femeninas gracias a la magia del contraste.

– Leer más en: http://blog.nafnaf.com.co/content/prestando-ropa-del-armario-de-los-chicos

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