Moda para el Mundo: Anotaciones de Estilo

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Hay textos que se escriben para trazar preguntas más que para proporcionar respuestas fijas. Esta no es una pieza con aspiraciones académicas sino un ensayo, híbrido, donde se combina la narrativa con anotaciones de análisis en torno a un tipo de estilo. ¿Qué tipo de respuestas puede darnos un terreno estético donde domina el denim y una mujer conspicua?

Vanessa Rosales

Cuatro palabras: Moda para el Mundo. Puede que la camada de la moda local las recuerde también por el torbellino viral que desató Vice hace pocos años, cuando con su habitual sensacionalismo, rancio y distorsionado, la revista envió a una reportera rubia y larga a capturar escenas de una feria que solía celebrarse de manera paralela a Colombiamoda. Aquella feria, en cuyas postales audiovisuales de Vice aparecían mujeres voluptuosas ataviadas predominantemente por denim y cuyos actos eran musicalizados por los pálpitos sonoros del reggeatón, pintaron una escena de estilo que para la camada de la moda en Colombia y para muchos es, además, sinónimo de una estética que merece y suscita más rechazo que aceptación.

Esta, si somos francos, es estimada la feria de “la loba”, “la grilla” y “la corroncha”. La mujer que no escatima en estilizarse con múltiples elementos que le otorgan visibilidad de manera explícita; la que no teme juntar en su apariencia denim desteñido, leopardo, pelos de tonos múltiples y larguísimos, brillos, piezas que ceñidas al cuerpo la revelan también dueña de muslos, senos y curvas macizas. Es esta la celebración de una estética donde el rey es el denim, en versiones que si bien siempre varían, parecen unificadas casi siempre por la presencia de múltiples elementos de ornamentación. Brillos, deslavados, destiñes, ornamentos, decoloraciones y uno de los elementos más potentes en la tecnología y efectos visuales de estas prendas: la posibilidad de levantar, resaltar, y avivar la cola de la mujer que los lleva.

Este es terreno de una feminidad que pareciera buscar, de manera frontal, afirmarse visible, nunca discreta, jamás desapercibida. El terreno de una mujer conspicua, cuya cultivación estética parece tener como fin también ser una criatura que despierta el deseo de un hombre que encuentra en la voluptuosidad, el pelo extensivamente largo, el denim ornamentado y el cuerpo intervenido por los beneficios de los procesos quirúrgicos de estética los elementos ideales en lo femenino. Un terreno donde si bien las mujeres parecen impulsadas por brotar y sostener cierto tipo de deseo masculino, es uno donde también parecen haber interiorizado una mirada de sí mismas que rebasa la aprobación del hombre y que tiene como fin también satisfacerse a sí misma. (¿O si?)

El terreno donde las mujeres que se estilizan con estas características despliegan cuerpos y bellezas extraordinarias – muchas veces intervenidas por el artificio, sí, pero no por ello menos impactantes cuando se les contempla de manera más precisa –; mujeres que parecen sentirse confortables y animadas cuando se les solicita una fotografía. Mujeres que frente a la cámara se sostienen en modo de alegre provocación.

En Moda para el Mundo la criatura que en realidad contrasta – y desencaja – es la mujer blanquísima, de pelo oscuro, vestidito blanco (simple), con bailarinas en rosa pálido que esto escribe; la extranjera que deambula con pocas voluptuosidades en las zonas que aquí se celebran como máximas ofrendas de belleza femenina. Ella y, por ejemplo, una mujer que aspira más a la delgadez o a los estilismos que dominan las galerías de imágenes digitales de Instagram.

En este recinto, de marca en marca, de modelo en modelo, de visitante en visitante, el ideal es la sobrecarga, el cuerpo redondo e hiper-femenino, el denim que con frecuencia se usa de pies a cabeza, en formatos tipo joggers desteñidos, en versión de enterizo ceñido con corte tipo corsé, que contiene múltiples, pequeños mensajes visuales salpicados a lo largo de un solo look. En esta atmósfera, moda y estilo significan justo eso: ornamentación cargada, denim trabajado, cuerpos voluptuosos, pelos larguísimos y, en general, una estética que está basada en lo conspicuo, en la aparente intención de afirmar al mundo la presencia de quien así se estiliza.

Vale la pena anotar, sin embargo, que de muchas maneras todo esfuerzo estético motivado por la moda – es decir, por el afán de desplegar novedad y performance – tiene, en mayor o menor grado, la intención de hacerse ver y de recibir la aprobación de la mirada de otros. Los que se pavonean afuera de los desfiles en Plaza Mayor, los que se sientan en las primeras filas, los que posan para las fotografías digitales, los que asisten al evento, motivados por la moda, están impulsados también por este mismo deseo. Lo que varía, sin embargo – y por evidente que parezca -, es aquello que se considera estéticamente ideal, digno de celebración, de emulación – aquello que se estima estiloso y bonito.

Hace pocos años también, Inexmoda, un aparato de negocios que impulsa los distintos componentes de lo que significa la palabra moda en el país, percibió el poder económico de Moda para el Mundo. Y esta percepción se tradujo en lo que viene sucediendo desde hace tres años atrás: que uno de los pabellones que se escenifican durante la semana de la moda en Colombia tenga como escenario un potente espacio con más de setenta marcas que materializan el poder económico y estético que impulsa el mercado de lo que se ha categorizado como “moda masiva”.

Más allá de ese otro gran recinto que ocupa el corazón de Plaza Mayor, colmado de stands, con aspecto de bazar, y que ratifica que en Colombia la palabra moda está fuertemente ligada a lo comercial, el observador o el visitante encontrará ese otro pabellón donde se concentra un tipo de experiencia visual que confirma un hecho básico sobre la experiencia humana: lo retador – y enriquecedor – que resulta el encuentro con lo distinto.

Mientras la camada del estilo de Colombiamoda chispeaba en Plaza Mayor, entre flashes, clicks, Instagram, taconeos, conversaciones animadas y los intermedios entre desfile y desfile, la mirada observante de quien esto escribe se animó a darle un recorrido al recinto de Moda para el Mundo, donde la palabra estilo evoca algo evidente, pero no siempre fácil de asimilar: significados distintos.

Significados de un estilo

Hay varias ideas en torno a lo estético que siempre valen la pena refrescar. Por un lado, el efecto que tiene el contexto. Una mezcla sutil y muy precisa de variables particulares hace que, de un lugar a otro, algunas cosas sean bellas y aceptables. Suena sosamente evidente, pero con frecuencia nos hallamos tan inmersos en nuestro propio sentido de gusto y preferencia, que se nos escapa el hecho de que las cosas que valoramos bellas y estéticamente dignas de replicar para nosotros mismos depende, en inmensa medida, del contexto que así lo decide.

Una segunda idea primordial – y una que supo articular con extraordinaria claridad la doctora Valerie Steele – es el rol ineludible que juega el cuerpo en temas de moda y estilo. El cuerpo es inseparable de las prácticas del vestir y por ende, según sus condiciones, también las define. Por eso, por ejemplo, si observamos cómo lucen los vestidos de Alta Costura sobre modelos asiáticas o europeas de menos de veinte años, el efecto podría ser drásticamente distinto si la pieza ornamentara el cuerpo de una treintañera latinoamericana.

Si perseguimos este hilo, podría considerarse como una idea posible que la estética de Moda para el Mundo parece ser un encuentro recíproco entre cuerpo y prácticas de vestir. Es decir, la mujer que así se estiliza esculpe su cuerpo para adaptarse a las prendas que caracterizan esta estética. Y de la misma manera, las prendas que aquí son dominantes están pensadas para una mujer que posee un cuerpo con ciertas características. Este cuerpo no es delgado – como el que sí celebra efusivamente la moda global-, ni tampoco pálido. Es, en cambio, un cuerpo que ha recibido con esmero los efectos de la luz solar, y que ha sido intensamente trabajado – ya sea en horas largas de gimnasio o con las ayudas externas de un bisturí. Es un cuerpo que concibe el pelo extensamente largo como símbolo de feminidad, que acoge, además, la noción de que la voluptuosidad – natural o producida – afirma más a una mujer como agente de belleza y como criatura atractiva. Estas posibilidades revelan a una mujer que, pese a todo (para gusto o disgusto de ciertas miradas), está involucrada con su estética, es decir, que la cuida y la cultiva. Y esta idea se asocia, de manera amplia y general, con ciertos estereotipos (o mitos) de la mujer latina, de quien se dice basa su feminidad en un sentido cuidadoso de esmerada vanidad. Cuidado que es ambiguo – empoderándola como ser de belleza, desempoderándola a veces como un individuo cuya gran fuente de identidad es la apariencia y nada más.

Una tercera idea acerca de la estética que vale la pena también refrescar aquí: la forma misteriosa y fascinante cómo la moda, ese paisaje de apariencias, es un portal hacia temas menos visibles. ¿Qué tipo de temas puede revelar, entonces, un paisaje estético como Moda para el Mundo?

Anotaciones de Estilo

Hay textos que se escriben para trazar preguntas y no para proporcionar respuestas fijas. No es esta, además, una pieza con pretensiones de verdad académica, sino un ensayo, híbrido, donde se encuentran trazos narrativos con observaciones motivadas por los prismas de la teoría. Y sin embargo, es más una reflexión y una narrativa visual.

Es mi osada e hipotética noción que este prototipo femenino es el resultado de una especie de fantasía delirante, sostenida y fijada por el narcotraficante colombiano de la década del 80. En los esfuerzos personales y reflexivos por comprender los orígenes de esta estética femenina, es mi audaz proposición de que este modelo femenino es el resultado que combina los orígenes humildes y con frecuencia campestres del narcotraficante, la adrenalina de un inflado y nuevo sentido de poder adquisitivo y el hecho de que, en los ochenta, el mundo estaba entrando en el posmodernismo y aparatos novedosos como la televisión por cable (y la parabólica) estaban permitiendo asomarse a nuevas realidades.

También que en los 80, con las nuevas tecnologías, la industria de la pornografía comenzaba a celebrar un prototipo de mujer rubia, con la piel sometida a los efectos del sol y el cuerpo redondeado por otra práctica en auge: la cirugía estética. Vale la pena recordar que los 80 se conocen, además, por una época fervorosa en su afán materialista, por la nueva visibilidad que cobraba, a través del cable, la misma pornografía, y por ser una década que celebró el exceso estético, la adoración al capitalismo y la valoración de lo estéticamente conspicuo o visible.

La mezcla de todo lo anterior, tuvo, tal vez, ciertos efectos en el hombre colombiano que de las latitudes campestres y modestas cobraba un nuevo poder adquisitivo a través del narcotráfico. Como es frecuente en toda historia de gángster, este individuo ansiaba de manera simultánea hacerse visible al tiempo que añoraba encajar socialmente a través de lo que podía ostentar y poseer.

Si en los 30, un Al Capone asistía donde un sastre a ornamentarse con trajes exquisitos, finos y ligeramente excéntricos, en los 80, un narcotraficante colombiano podía hacer algo similar, adquiriendo lo que para él, en su proximidad y contacto con una ciudad como Miami también, representaba una manera ideal de simbolizar su nuevo estatus económico. Entre esos símbolos estaba, por supuesto, un tipo de mujer, que combinara con esa estética mixta que apelaba al sentido de poder.

Hoy, sin embargo, esta estética no está calculadamente asociada al narcotráfico. No creo que las mujeres que se estilizan de esta manera o que las marcas que la representan se sientan medianamente asociadas al tema. La relación es indirecta, como un vestigio de algo que fue pero que se mantiene con gran potencia. Lo interesante, entonces, sería preguntarse más bien por qué se mantiene tan fija y poderosa y por qué es tan comercialmente potente esta estética. Trucco’s Jeans, por ejemplo, uno de los líderes en Moda para el Mundo exporta sus productos a 27 países. Una suma deslumbrante y que la mayor parte de creativos que exhiben en Plaza Mayor no han consolidado.

Todo esto habla también y de manera inevitable de las brechas sociales y económicas que caracterizan a los países latinoamericanos. Brechas que hacen parte, además, de la naturaleza fragmentada de un país como Colombia. Porque si bien las mujeres de estilo que están en los desfiles de Plaza Mayor y que conocen cosas como Man Repeller o tienen cuentas de Instagram cargadas de imágenes lustrosas que llegan de ciudades y publicaciones tradicionales de la moda del circuito global no asimilan por qué una mujer se estiliza de esta manera, conspicua, exhibiendo curvas macizas adornadas en denim ornamentado y vistoso, ese choque de gustos estéticos tiene una razón muy precisa y que vale la pena refrescar aquí también: el contexto, las posibilidades materiales, los temas del cuerpo.

De la misma manera, esa mujer conspicua, que a veces es una amazona de pelo negro larguísimo y otras una extraordinaria mujer voluptuosa con múltiples tonos de rubio extenso, podrá ver en una de estas mujeres, delgadas, con mezcla de estampados o una blusa que parece una escultura una criatura igual de incomprensible y ajena. Podría incluso ver en esas mujeres una muestra extraña e insulsa de estética.

Estas posibilidades, supremamente hipotéticas, y apenas trazos de cómo chocan mundos estéticos, sirve para impulsar al ejercicio detrás de este texto: comprender, al menos, que los ideales estéticos son frutos de un contexto y que lo que para unas es bello y digno de emular, para otras puede ser incomprensible o terriblemente ajeno. Moda para el Mundo es un ejemplo para exhortar a las mujeres colombianas a saberse hijas de un contexto, resultado de un cúmulo de gustos e influencias precisas. Tanto las que han estado expuestas a otras ciudades y a gustos extranjeros, así como para aquellas que reflejan sus ideales estéticos como fruto de un contexto más local. El ejercicio es la contemplación respetuosa de la diferencia. _V8A9783
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