Chanel Urbanita

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Las mujeres de esta parte del mundo saben que, en Latinoamérica, la experiencia se reparte entre climas tropicales y vidas urbanas, con temperaturas otoñales o templadas. ¿Cómo cobra vida una de las últimas invenciones de la casa en la vida de una mujer urbana? Historia visual con, una mujer de moda, hipermoderna, escritora, y que reparte su vida entre el trópico y la ciudad.

 

V.Rosales

 

Chanel no creía en la moda; creía en el estilo. En 1931, cuando llegó a Nueva York, una reportera le preguntó cómo era, en ese entonces, la mujer de moda ideal. A ello, la feroz Chanel respondió: “se viste bien pero no extraordinariamente. Desobedece a la moda”.

Alguien rebatirá pronto que, entre los muchos axiomas casi dictatoriales que persisten de Chanel – aquellos que en teoría relató ella directamente a Paul Morand, quien los compiló en la fábula de ella hecha libro llamada El Allure de Chanel – hay otros que la revelan afirmando que la moda existe en todo, que se percibe en la calle y alcanza el cielo. Inevitable entonces admitir que Chanel y moda se entrelazan sin esfuerzo; pero lo cierto es que más que moda, lo que inventó Chanel fue una filosofía o una estética.

La gran Mademoiselle, quien murió hace 44 años, persiste a través de la vida que hincha en su nombre la creatividad performática de Karl Lagerfeld. Pero asomarse a los archivos estilísticos de Mademoiselle implica, sin embargo, encontrarse con una hilera de elementos que hoy se nos antojan lógicos y naturales, y que ella no necesariamente inventó de la nada, sino que usó, apropió, estilizó y diseñó de la manera correcta, en el momento correcto. (Los cárdigans, las bailarinas, los vestiditos negros, las gafas de sol con marco de carey, la joyería de fantasía).

Chanel fue, por ejemplo, gran emblema de aquella mujer moderna que abandonaba el exceso de ornamento para refugiarse en un vestir que le permitiera ser más allá de las condiciones – a veces sofocantes – de la apariencia. Su estética era una donde reinaba la libertad de movimiento. Después de todo a Chanel le gustaban los caballos, la actividad náutica en la Riviera Francesa y realizar pequeños ademanes que antes de ella eran impensables para las mujeres – algo tan simple como poder meterse la mano en los bolsillos.

Sorprendentemente, algunos de los lemas que tocó Chanel en su vestir y a en su experiencia como mujer, permanecen tan vivos como relevantes hoy. ¿Una mujer debe vestirse para ganar confort y por ende, una libertad de movimiento que le permita pensar, moverse, ser, más allá del afán, de producirse y basar su identidad meramente en la apariencia? ¿Es verdad que en lo simple aflora la mujer más que cuando se presenta a través de muchos trucos estéticos? “La excentricidad debe estar en la mujer, no en el vestido”, dictó también.

Hay hechos inescapables de la vida urbana actual que reconectan a una mujer con ciertos principios de Chanel. Para moverse en los andenes, para hacerlo ágil y libremente, para poder estar concentrada más en un asunto externo que en el dolor del tacón o en componer una y otra vez un look complejo, una mujer sí requiere siempre más simpleza. Un tipo de chic práctico. Un vestir sin afirmaciones dramáticas. La simplicidad es, ciertamente, una gran forma de sofisticación. A través de ella se dicen muchas cosas a través de que el lenguaje triunfe por su concisión. Pero la simplicidad no es, en es estilo, ni mucho menos en nuestros tiempos, la única respuesta.

La maravilla de Chanel es que algunas de sus filosofías parecen trascender el tiempo, aún cuando fueron increíblemente pertinentes para su propia época. Aquella era en que las mujeres se estrenaban como seres modernos. Hoy, nosotras, las hipermodernas, tenemos de Chanel una herencia que ha transformado, como pocos nombres, la estética que vemos cotidianamente.

Y lo que es más, de Chanel, cualquier mujer puede extraer una serie de premisas para vestirse que abrirán las compuertas del empoderamiento. Porque de negro una mujer está segura en su poder chic y atemporal; porque en la simpleza se permite ver el individuo de mujer; porque las prendas depuradas permiten agregar complementos vistosos; porque con libertad de movimiento en su vestir una mujer puede conciliar dos grandes cosas que palpitan en el corazón de la experiencia femenina siempre: estilo y funcionalidad.

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