Estilo vs Acumulación

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Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

Las mujeres que tienen apetitos de moda tienen hoy una ventana certera desde donde ver, casi en cualquier momento y desde cualquier punto, lo que sucede con este universo de brillos y ropas.

La ventana en cuestión, que es fija y al tiempo siempre cambiante, permite a las mujeres asomarse al paisaje de la moda según sus antojos y deseos. Esta ventana, la pantalla digital, ofrece para ellas y desde hace unos años ya un flujo de informaciones e imágenes de moda que parece nunca detenerse. Un flujo que con los años parece más veloz y más saturado.

Hoy, esa ventana – que había estado, por nombrar algunos ejemplos, en sitios como Style.com, las versiones virtuales de prácticamente todas las Vogue y en las narrativas de los blogs personales – se concentra sobre todo en Instagram: una ventanita cuadrada que comprime todo lo anterior.

Una teórica de moda francesa delineó una fascinante idea acerca de la naturaleza de la moda y el mundo digital. En principio, la moda se basa en el cambio y reemplazo constante de objetos o bienes. Lo que motiva a la moda es eso: la renovación, el reemplazo de una silueta por otra, de una tendencia por una más fresca, la sustitución del armario para la nueva estación. De manera increíblemente similar, el mundo digital, y la blogosfera, se basan en el cambio constante de información y de imágenes.

Las que invierten sus miradas en Instagram saben bien que cada vez que espabilamos parece haber en esa pequeña ventana algún tipo de novedad. Las que siguen numerosas cuentas de moda presencian de manera constante la aparición de una imagen que parece más bella que la anterior, una más fabulosa que la que previamente apareció, una más lustrosa que la otra, una más apetitosa que la que hace instantes nos deslumbró.

Y en muchas, sucede algo más también: con las imágenes fabulosas cambian las ropas de las mujeres que en ellas aparecen. Enfrentada a ese torbellino de bellas imágenes y mujeres deliciosamente vestidas, la observadora digital puede sentirse, sí, inmersa en una fantasía fabulosa, pero también desalentada por la sensación de que aquello que ella tiene, viste, posee, no es suficiente; la sensación de que lo que ella es no alcanza para estar en los grados de belleza y existencia fabulosa.

Este escenario revive un tema siempre presente en la moda: ¿estilo es acumular ropa y estilismos o es reinventar lo que ya tenemos?

La idea de que la moda es un ideal alcanzable para las mujeres que llevan vidas reales no es nada nuevo. Durante décadas fue una de las mayores críticas de algunas mujeres intelectuales. Y siempre hay algo de cierto en eso. No muchas mujeres tienen ni el dinero, ni el tiempo, ni las vidas para perseguir los apetitos insaciables de la moda, con sus lujos y sus cambios.

Sin embargo, cuando muchas de nosotras miramos a las mujeres de las imágenes que sí parecen tener los recursos inagotables para reemplazar bellezas por otras de una manera que parece ilimitada, todas fantaseamos. Nos sentimos identificadas. Sentimos una electricidad con el simple hecho de mirar este tipo de imagen, donde la protagonista es una mujer cuyo vestir encontramos de nuestro gusto o con el cual nos imaginamos nosotras mismas. Y ese es uno de los grandes placeres que nos concede también la moda.

Pero, ¿qué pasa cuando esa posibilidad de fantasear a través de la belleza nos hace sentir insuficientes? ¿Qué hacer ante el torbellino de imágenes y de ropas que pueden sembrar en nosotras la sensación de que no tenemos tanta capacidad para el estilo?

Recurrimos al estilo con sustancia. Nos salimos del terreno donde manda solamente la apariencia. Recordamos que siempre habrá mujeres mejor dotadas para acceder al reemplazo de prendas. Y recordamos también que toda esa apariencia lustrosa nunca está exenta de la imperfección.

Pero sobre todas las cosas, una mirada sensata llega cuando una mujer puede anclarse en lo que ella es. Cuando es capaz de apreciar las fantasías de la estética, pero consciente de sus propias riquezas y falencias. Estilo, para la mujer mortal, que no habita la pirámide de una ínfima minoría, es un conducto para anunciar al mundo verdades sobre sí misma. Usar la ropa como medio para decir algo más, algo que trascienda lo aparente, algo que afirme su espíritu. ¿Tiene estilo la mujer que puede comprar sin límites? En parte, sí. Pero nada brilla más en el vestir que la mujer que usa la ropa como medio para hacer visible lo invisible.

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