Día 1: Postales de la Moda Colombiana

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Vanessa Rosales
Medellín

Fotografía: Daniel Cuervo

La energía chispeante de la moda seduce porque está basada en aquello con lo cual todos nos relacionamos de cierto modo, en mayor o menor grado: la apariencia y/o el acto de aparentar. Las celebraciones de moda, adicionalmente, implican algo que va más allá de la apariencia cotidiana, algo que está más conectado con la pose calculada, el performance deliberado, la conciencia de que seremos observados por las ropas que hemos seleccionado para adornarnos. ¿Podemos detenernos un instante, en medio del festín y de sus chispas, y abordar esta energía, invisible pero palpable, que serpentea en la atmósfera y que motiva a una gran parte de los acudientes que componen el escenario?

Los hábitos de vestir de un lugar tienen mucho que ver con un efecto tipo espejo. Con el hecho de que las mujeres – y los hombres, si se interesan por la estética – miren, observen e interioricen lo que ven en la forma de vestir y estilizarse de otros. Eso explica por qué en los más distintos lugares, se repiten patrones en los estilismos. En Colombia, este efecto espejo parece estar fuertemente influenciado actualmente por Johanna Ortiz, por ejemplo. Lo que explica por qué la blusa Tulum – esa bella pieza que deja los hombros al descubierto, crea esculturas juguetonas alrededor de los brazos y permite que la mujer se sienta conectada con ideales actuales al tiempo que se declara femenina y vibrante – sea una de las prendas más ubicuas en lo que va de la semana de la moda colombiana.

Ha aparecido conjugada con faldas lápiz atravesadas por pliegues de simetría; algunas mujeres lo han llevado con jeans, y otras con faldas o pantalones que tienen también la estampa Cruise, tropicalista y vivaz de Johanna. Más allá de la pieza precisa, replicada en mujeres distintas, y apetecible para muchas, la silueta misma es parte de un patrón estilístico. Así, las blusas que desnudan los hombros – y los abanicos de mano son -, en lo que va de este festín, patrones en los hábitos de vestir de la mujer colombiana que asiste a Medellín bajo la influencia de crear una apariencia calculada.

Temprano, en el desayuno que celebró Taliana Vargas en nombre de un proyecto de carteras tipo sobre y cuyo fin es engrosar los recursos materiales de una fundación que creó para niños y familias en Santa Marta, las acudientes formaban una visión chispeante de rosas y blancos, de azules claros y joyería dorada, de estilismos que se antojan ideales para el registro digital y que se sienten precisas para esa mujer colombiana que tiene apetitos de crear una apariencia contemporánea.

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Más tarde, adentro de los recintos, estos apetitos de la mujer colombiana fueron respondidos bellamente por Andrea Landa, Daniella Battle, Jorge Duque, Leal Dacarett y Pepa Pombo. Si bien muchas mujeres que disponen de la materialidad para poseerlos incluyen en sus looks piezas del lujo foráneo que para muchas es deseable – pensemos en los más predecibles como Céline y Chanel – una de las cosas más chispeantes de semana de la moda colombiana y del capítulo actual en la industria nacional es que muchas acudientes están estilizadas con moda local. Y que las pasarelas del primer día trazaron el mapa de estilo que pronto seguirán muchas mujeres.

Andrea Landa, por ejemplo, envío a la pasarela una muestra con modelos manejándose en cadencia dulce y lenta, con vestidos tipo sheath, en variaciones cremosas, terrenales y con tinte caramelo, con siluetas halagadoras y donde aparecían también piezas tejidas y drapeadas. También unas interpretaciones más afiladas, en cuero, el material característico de Landa, y la materia prima que con tanta agilidad sabe feminizar e impregnar de gracia. Los shorts y los tops arrojaban una energía interesante que combinaba una ligera influencia bohemia con el garbo de la chica cool, que no se esfuerza y que tiene algo en su apariencia que es orgánicamente rocanrolero, con fibras de desenfado.

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La siguiente muestra, del talento fresco de Daniella Battle marcó un contraste con el ánimo terroso de Landa, lanzando al espectador a un escenario con vibraciones que aludían a Meghan, la esposa de Don Draper, en Mad Men, con una paleta cromática que evocaba la dulzura de macaroons de Ladurée, y donde parecían encontrarse las energías de la psicodelia londinense del final de los 60 con un garbo caribeño de brillos, flecos, lavandas, turquesas y suculentas carteras y zapatos. Un azul endulcorado, de boudoir vintage, interactuaba con amarillos pasteles y tonos apaciguadores, dejando en el espectador la estela de una muestra con espíritu de delicadeza juguetona.

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Los aplausos más fervorosos se los lleva, sin embargo, Jorge Duque, quien inició los ánimos de su colección con los metales salseros de Ricardo Rey y Alfredo Linares, anunciando, desde antes de que las modelos aparecieran en su marcha briosa, que sería esta una oda a la mujer latinoamericana. Términos que brotaron al ver la suma de los looks que se visualizaban en la pasarela: sensacionalmente chic. Duque lanzó en sus mujeres modelo piezas que caracterizan su estampa, formas que en el cuerpo femenino hacen ver a la mujer asertiva, una criatura sexual pero no derramada en demostraciones, combinaciones afiladas en pantalones de corte preciso y vestidos que combinan el clasicismo de la amplitud ultra-femenina con fenomenal ejecución.

Así, Duque creó un escenario de continuidad, siguiendo los hilos de los lemas que componen su narración sartorial, donde lo sexy sin timidez y sin disculpas juega un rol central. Pero no era esta cualquier oda, no era esta simplemente una muestra que de seguro será una de las favoritas entre las vanguardistas y estilosas de Colombia. En otras palabras, no fue sensacionalmente chic solamente por las bellezas en términos de ropa y apariencia que figuraron en la pasarela, sino sobe todo porque Duque, un sutil tejedor de historias, un alquimista en este caso, nos estaba recordando, desde los símbolos sutiles y las más discretas afirmaciones sociales, que el narcotráfico nos compone y también nos hace. ¿Cómo afirmó algo así? Incorporando pequeños aviones y cinturones que hacían referencia a las pistas de aterrizaje de las avionetas de los narcotraficantes ochenteros; utilizando textil de cannabis; creando un estampado en rojo vivaz, con las flores de la amapola como lema gráfico; incrustando en el corset de un vestido elementos de la iconografía que fue exaltada por las nuevas posibiliades económicas del momento. La colección fue una manera poética de percibir y homenejear los ideales estéticos que observó en la Medellín de su crianza. Una muestra palpitante, que encendió los ánimos con sus ritmos de La Fania – recordándonos otro elemento sustancial de nuestras identidades – y demostrando su nivel de reflexividad y poder de simbolización.

En Leal Dacarrett aparecieron prendas que serán, de seguro, parte del efecto espejo en los hábitos de vestir entre las mujeres colombianas durante los próximos meses: bustiers con perlas macizas incrustadas, una blusa sin hombros, rutilante, del color del sol tropical; zapatos festivos, también con perlas, y juguetones pompones metálicos; faldas lápiz lustrosas; un vestidito negro reinventado que reafirma la fuerza de los hombros desnudos. Se adivinan best-sellers asegurados.

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Y finalmente Pepa Pombo fue una lección que articula con gran claridad la forma cómo un sello de tradición se reinventa con el prisma de la estética contemporánea. Los tejidos, uno de los corazones del temperamento del sello, figuraron en versiones gráficas, con una paleta colorida encendida y animada, donde se encontraba el espíritu de lo orgánico con la gracia de lo digital.

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La mirada de la moda colombiana se animó ante las nuevas posibilidades de estilo que trazaron ayer algunas de las pasarelas. La estimulación fue estética, como sucede siempre en los asuntos de la apariencia chispeante. Pero algo más flotó en el aire, algo también chispeante, como burbujas energéticas que impregnan lo visible de algo más: la sensación de que la moda en Colombia, con sus transformaciones y nuevas posibilidades, está fabricando posibilidades que animan sentimientos de apreciación orgullosa.

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