Urbanita y Gitana

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11137173_10153044191018867_738387421588552497_nÉrase una vez cuando el estilo y la moda planteaban opciones más estrictas cuando de la mezcla se trataba. La dama que se adhería a un tipo estético se encontraba en terreno limitado. Si se escogía, digamos, el rocanrol, se adhería una mujer a los principios de una subcultura o a los códigos de la rebeldía. Códigos que eran impensables que pudieran coexistir, digamos, con una estética más delicada o romántica. Los ideales se entendían más en términos de dicotomía.
Esa formade experimentar el estilo causaba que corrientes distintas se leyeran como opuestas y por ende, excluyentes entre sí. Pero la evolución de la moda desde los años 70, con el rompimiento de las directrices tan lineales, y con todas las sacudidas en materia de ciclos, tiempos, subjetividad y tecnología, nos han traído a una era donde la contradicción se asume como ideal estético natural y, entre las seguidoras de la moda, apetecido y bien visto. De esto he escrito varias veces en distintos sitios.
Lo estimulante es que esta licencia para la contradicción y la mezcla coincide además con una época donde no sólo la ropa sino la feminidad también se valida en su exuberante contradicción. Con frecuencia, privadamente, agradezco ser hija de una era que si bien me permite conjugar, un día ordinario, matices de lo urbano con interpretaciones individuales de lo bohemio y gitano, permite más de fondo que una mujer pueda expresar sus propios híbridos, en gustos, vitalidad y naturaleza. Simplicidad contradictoria en el estilo; complejidad de mezclas en la experiencia femenina.

Con Bellezas de la Moda Colombiana: aretes y brazalete de @lolie_jewelry, blusa de @silviatcherassi

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