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11535931_10153042129088867_2463801086445675621_nLa feminidad es un tema de multiplicidad. Cada experiencia suscita una actuación concreta. Variada. Que, en conjunto, puede mostrar a una mujer múltiple, dueña de facetas que parecen contrarias. Somos contrarias. Albergamos la contradicción con armoniosa naturalidad. El sábado por la tarde es indeciso e invita al “dress-Up” tanto como al estilismo casual. La volatilidad del clima puede bloquear todo intento de un ensamble acertado. Vas, de noche, a escuchar new wave, en el hechizo urbano, a dejarte rozar por los sonidos sintéticos y los extraños en la pista de baile. Vas, por el contrario, a bailotear en La Troja, en Barranquilla, donde las luces blancas exhiben a una masa variada mientras la fritura del vinilo y el dulzor melancólico de la salsa te convoca a siluetas que se acomoden a la cadera, que baila, sola o acompañada. Vas a solas a adquirir una pieza que precisas para completar tu paisaje psíquico actual. O quieres velarte, entrar en la opacidad, evadir ser conspicua a las miradas bogotanas, ahuyentar la atención. O, deseas llamarla, ser imán de contemplación. Anónima y familiar. Ser vista u ocultarse – dos impulsos de multiplicidad en la mujer, al actuar y estilizarse. Ambas fuerzas palpitando en el gesto femenino de vestirse, todos los días, para construirse en la experiencia cotidiana. 

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