Tendencias

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Cuando nuestras madres y abuelas tenían nuestras edades, una tendencia era como una sentencia que reflejaba el espíritu de la moda de esos momentos: era una norma casi dictatorial. O te la ponías o estabas fuera.

Antes, la moda era como un credo, es decir, un cúmulo de lineamientos que estaban determinados por los dictámenes máximos de la temporada: las tendencias. 
Como faros, las tendencias guiaban la dirección de los hábitos de vestir de las mujeres. Para ser “fashionable”, no se valía tanto interpretar; se celebraba la capacidad para seguir. Poder comprar, calcar, emular, renovar cada seis meses.

Pero desde los setenta, esas grandes autoridades fueron resquebrajándose. En parte por el feminismo, el movimiento de la liberación femenina y el tedio que tenían muchas mujeres – plena era Mad Men – de ser valoradas por la apariencia. También porque cambiaron los valores estéticos – se celebraba más la calle que el artificio de la pasarela. Y también por un tema de temporalidad: la originalidad y lo nuevo llegaron a un limite como modelo de la moda. Así, el reciclaje de otros estilos y décadas comenzó a ser común desde los 70. 
La moda tiene mucho que ver con el tiempo. Las tendencias, por ejemplo, esos faros fijos en el horizonte de las mujeres, duraban algo así como seis meses. Los ciclos de producción eran, claro, mucho más lentos. Con la llegada de la moda rápida, la aceleración de los ritmos de producción y la capacidad de poder ver mucho más a ritmos mucho más vertiginosos gracias a Internet los tiempos de la moda cambiaron. 
Hoy, existe una tendencia? Existen faros cuando la moda parece no ser vieja, ni nueva, sino un eterno presente? Todo está de moda. Todo vale. Si el estilismo es acaparador para el lente digital. Si atrapa nuestra mirada cuando repasamos una pantalla.

Las tendencias subsisten, hoy, de otra manera. Ahora, los 70. Las faldas denim. Se mezclan con tendencias dispares, casi opuestas. Seguirlas se combina con el ideal de que la mujer de más estilo no es seguidora sino intérprete. Se intensifican por momentos pero no desaparecen completamente. Hoy, no son faros, son pequeños espejos de una era de moda hecha de hechizante contrariedad.

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