No. 5

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Qué hace que algo se convierta en un icono? En una especie de talismán, de símbolo reconocible en los lugares más distintos? Como la doble C de Chanel, cuyo poder va más allá del deseo que despierta el lujo en lo estético: es un símbolo, cargado de una asombrosa capacidad para ser relevante más allá de la volubilidad del tiempo. Así como eso, el No. 5 posee un espíritu que supera los oleajes del tiempo. El envase, casi el mismo de siempre, es pureza simplista que en su momento Chanel hizo estampar con un número de marcación, como de serie. Un reflejo de una convicción muy de ella: que la sustancia, rica y compleja, se aprecia y reluce más a través de empaques simples. Y también materializa uno de los dones que personalmente más adoro de ella: su habilidad para fundir, en lo vital y lo estético, lo barroco y lo racional, lo complejo y lo simple. La magia de Chanel, es esa, en parte: la capacidad de crear con base a una naturaleza Como la suya, cargada de contrastes, de extremos armonizantes. Ningùn envase es tan simple, tan moderno y tan depurado como el de Chanel No. 5, y sin embargo, el aroma es complejo y cargado. El No. 5 es una metáfora de la misma Chanel – la fusión de contrariedades armonicas, el encuentro eterno entre lo complejo y lo simple.

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