El Placer de lo Simple

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Cosas que amo ponerme: El Placer de lo Simple – Dos grandes mujeres de la moda nos han dando lecciones sobre el poder de la simplicidad: Coco Chanel y Pheobe Philo.

En mis ojos, los parentescos entre ambas son extraordinarios. Y sus diferencias – más allá de la evidente brecha temporal – revelan, de manera fascinante, temas más atemporales sobre la feminidad; como el amor, la maternidad, el ser y la forma cómo éstos se inscriben dentro de la visión de estilo de una mujer que los crea. Revelan también cómo cada momento histórico particular genera circunstancias distintas para que estos temas se expresen. Pero acerca de Chanel y Philo en términos de estilo y simpleza: Ambas son creadoras de una especie de uniforme donde lo chic es confortable. Ambas forjaron un tipo de estética donde las mujeres están liberadas del exceso ornamental. Estéticas que son, además, increíblemente apetecidas por las mujeres de su momento. Philo, por ejemplo, nos impulsó a querer combinar pantalones masculinos con tenis Adidas. Chanel creía en el efecto chic de meter las manos en los bolsillos y usar materiales que venían del armario masculino. En muchas instancias, funciona con ambas la gran premisa (Chanel-esca) de usar ropa simple como lienzo para accesorios vistosos e indulgentes. En últimas y en breve, ambas comparten el sello de la simplicidad como una posibilidad de estilo que encanta con sus consecuencias. Permite una libertad de movimiento que a veces es una delicia. Nos despoja del exceso o el tacón, que en otros momentos también puede ser para nosotras una exquisitez.

La simpleza que exhibo aquí no es, sin embargo, literalmente cercana a Philo o a Chanel. Guarda más similitud en términos de símbolo. La mía en la imagen es urbana y básica. Pero contiene, en esencia, los efectos de la simplicidad en el vestir. Que en mi, por ejemplo, se despiertan en las temperaturas otoñales, en la experiencia urbana que me convoca a estar funcional, y que apela a una faceta que se halla intensamente libre en lo simple; que invita la capacidad de actuar, pensar, moverse, dejar que asome la mujer sin los – encantadores pero a veces abrumadores – artificios de la vanidad y el estilismo.

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