Chanel No. 5

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Mayo 5. Celebración de un icono. El contenido líquido y aromático del perfume Chanel No. 5. Un símbolo, como otros, de una mujer que sembró elementos del estilo moderno que hoy se nos antojan naturales. Chanel fue la primera diseñadora en aventurarse al mundo de las fragancias. Porque era filósofa, en el acto de estilizarse y en la experiencia de ser mujer. Para Chanel, el perfume era otro componente más en su estilizaciones. El No. 5, en particular, simbolizaba la capacidad de Chanel para imprimir en sus creaciones las estampas de su propia biografía y esa pasmosa capacidad de integrar contradicciones y contrastes. La complejidad y la simplicidad integradas eran estampas de todo lo Chanel. La botella del No. 5 lo refleja con gran claridad. Es una oda modernista, medio Deco, que ha estado en exhibiciones del MET y bajo el estallido satírico de color de Andy Warhol. El nombre del perfume fue, en teoría, un mero accidente: la escogencia del quinto ejemplar que preparó su mezclador para la nariz de Mademoiselle. Cuando lo tuvo consigo, Chanel orquestó un evento en Cannes, y a las mujeres que llegaban las impregnaba sin que se dieran cuenta del aroma; para así hechizarlas. “Es una fragancia para mujer con aroma de mujer”, diría Ernest Beaux, su creador. Como tantas otras cosas, es un símbolo de Chanel, para quien el número 5, la cifra de la quintaesencia en la alquimia, era su número de suerte. Reflejo del encuentro, tan de ella, entre lo complejo y lo simple, un eco de la feminidad. Cuando visité el apartamento privado de Chanel en París noté en una de las paredes de coromandel una imagen increíblemente similar a la botella del No.5. La capacidad de asombro no se agota ante la forma cómo Chanel se anticipó a todo siendo ella una mujer intensamente de su época; supo usar su era para trascender más allá del tiempo mismo. Este icono lo refleja.

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