Tendencia a la Vista: Culottes

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Contenido exclusivo para el blog de NAF NAF, Le Style Naf Naf.

Hacia el año 2010, las lectoras de Harper´s Baazar pudieron encontrarse con una columna de irresistible título: “¿Qué es una repeledora de hombres?” En ella, Leandra Medine, a quien muchas conocen hoy por ser la famosa “man repeller”, sembraba una jocosa y lúcida idea: entre más se vista una mujer para la camada de la moda, menos atraerá el interés de los hombres.

La camada de la moda es aquella que se atreve a usar lo más excéntrico de las tendencias. Turbantes. Pantalones harén. Prendas con plumas. Es decir, todo aquello que impacta visualmente. Todo aquello que es fabuloso porque tiene espíritu de osadía y de demostración.

Sobre eso, explicaba Medine, los hombres poco entienden. Lo que ellos quieren – mujeres en jeans y camiseticas o con tacones y vestiditos al cuerpo – pocas veces coincide con esos performances que habilita la moda en la vida de una mujer: la posibilidad de jugar con formas y texturas, de experimentar siluetas ingeniosas y la capacidad de mezclar de manera ecléctica.

Los estilismos que una mujer así se permite son, según la cómica Medine, algo así como la versión de un anticonceptivo en forma de vestido. Muchas mujeres, colombianas y latinas, sentirán esta división cuando la elección de la ropa se les presenta. No es lo mismo vestirse para un evento de moda, un encuentro con amigas sensibles a la estética o para una cena romántica con el chico o una cita divertida con él y sus amigos. Aunque bueno, hay mujeres que no discriminan, no separan y no temen vestirse siempre con la misma osadía.

Pero el punto de Medine – quien ha construido una inteligente filosofía y visión editorial en torno al tema – resuena en la experiencia femenina. Hay prendas que, sin duda, atraen y otras que repelen el interés masculino. En principio, esto es un tema de biología. El carácter visual del hombre está asociado con su deseo. El carácter visual femenino tiene que ver más con la belleza. Por eso se dice que en el terreno de la moda, las mujeres se visten para otras mujeres (o para ellas mismas).

Una tendencia del momento que ilustra estas ideas: los culottes, esa prenda bípeda, que evade el cuerpo y que es una mezcla entre la falda y el pantalón. Como tantas otras piezas del vestir femenino, al comienzo, los culottes fueron patrimonio de los hombres. En los 30, la excéntrica, vivaz y visionaria Elsa Schiaparelli los absorbería en su discurso de moda. Eran piezas ideales para su era, donde las mujeres se iniciaban como jugadoras de tenis y montadoras de bicicleta. Prendas con aire masculino y deportivo que mostraban la evolución de lo que una mujer podía hacer con su tiempo y su vida.

El regreso de los culottes sucedió décadas después, en los setenta, cuando los pantalones en A se hicieron norma de estilo. La década floral y naturista los reinventó con su propio lente. Y hoy, unas cuantas décadas después de nuevo nos rodean. La moda, sus ciclos.

Son frecuentes en las imágenes que nos indican lo que debemos ponernos. Se usan con stilettos y abrigos. Con sandalias planas y crop tops simples. Van con zapatos planos de punta y blusas etéreas. Van, como todo en nuestro momento, con los más variados estilismos.

Y son, sin duda, objeto de la camada de la moda. Pieza para temerarias. Prenda para mujeres que no requieran, al vestirse, la mirada aprobadora de los hombres. Ítem para quienes las siluetas son juego de posibilidades.

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