Mujer en el Paraíso (Teoría de Moda)

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Mujer en el Paraíso <Teoría de Moda> Cuando las mujeres nos vestimos para que los hombres nos miren (o para los hombres que poseen nuestro amor y afecto) es posible que el impulso al vestir sea distinto que cuando escogemos nuestro ornamento para entrar en la mirada de otras mujeres, desconocidas o amigas verdaderas. A menos que una mujer sea temeraria siempre para vestir, es decir, que su sello sea la carga de texturas, el uso de siluetas conceptuales o poco dadas a mostrar el cuerpo, que tenga una forma de vestir motivada siempre por la imaginación y el interés de atraer más por efecto visual que por belleza física, puede ser frecuente que una mujer escoja cosas más simples para la mirada masculina. Muchos hombres prefieren a la mujer de sus afectos en camisetas, shorts o jeans; y se atolondran un poco cuando la ven con estampado de leopardo o mangas redondas como esculturas que flotan sobre su cuerpo. La Moda, como espectaculo visual no parece siempre compatible con la mirada masculina; que busca, en vez, con frecuencia, la mujer detrás de los vestidos, sus actitudes, energías y cuerpo. Pero para nosotras las mujeres, cuando nos vestimos para otras miradas femeninas, nos motiva más impresionar por la maravilla de habernos puesto cosas que no van con armonía; de empaparnos en estampado y color; de usar cosas que nos introducen en el terreno de la Moda como performance, hechizo visual y actuación. Y eso, para nosotras, rara vez tiene que ver sólo con jeans y t-shirts. De allí nace justamente esa idea de Leandra Medine, de que entre más atracfiva resultes para la camada de la moda, menos probable atraerás la mirada masculina. Claro que esto no siempre es así, ni es tan escueto, ni tan simple. Lo que revela es que la moda, cuando es una forma de seducir, se modifica según la mirada que deseamos bajo nuestro encantamiento. Leo un libro que revela que la seducción – que tiene altas cargas eróticas – puede entenderse más allá; como una forma que tenemos de encantar, de magnetizar, de ser nosotros mismos. Y allí la seducción empieza desde adentro, pierde la carga de querer atraer siempre a otro. La seducción puede suceder entonces desde el mundo interno. El Paraíso.

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